
«Tal y como me comprometí en Canarias, autorizamos una inversión de casi 40 millones para completar el muelle de Ribera en el puerto de Granadilla y mejorar la captación de nuevos tráficos en Tenerife como nodo logístico clave en el Atlántico». La frase anterior es del ministro de Transportes, Óscar Puente. Y es que el Gobierno de España ha movido ficha para terminar de armar el que está llamado a ser el mayor pulmón industrial del Atlántico Medio.
El Consejo de Ministros ha dado el visto bueno a la licitación de las obras de cierre del muelle de Ribera en el puerto de Granadilla, una inversión de 39,7 millones de euros que busca, de una vez por todas, dotar de operatividad plena a esta infraestructura de nueva planta. No es solo una obra de ingeniería; es el intento definitivo de Tenerife por captar los tráficos de gran calado que el puerto de Santa Cruz, constreñido por la geografía urbana, ya no puede absorber.
La intervención técnica se centra en ejecutar los 543 metros restantes para completar un muelle de más de un kilómetro de longitud. El proyecto, que empleará 11 cajones de hormigón armado cimentados a una cota de -18 metros, sitúa a Granadilla en una liga distinta a la de sus competidores regionales. Estos calados permiten la escala de buques de última generación y operaciones logísticas a gran escala que requieren una superficie que la capital no ofrece. Con una zona industrial anexa aún por colonizar, el puerto se perfila como el centro neurálgico para el transbordo y la reparación de grandes plataformas, justo cuando el sector vive un proceso de consolidación global.
Esta licitación no es un hecho aislado, sino la punta de lanza de un Plan de Inversiones agresivo. Entre 2025 y 2029, los puertos canarios recibirán una inyección de 600 millones de euros, de los cuales 255 millones irán directos a las arcas de la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife. El uso de fondos FEDER subraya el interés de Bruselas por mantener este nodo ultraperiférico conectado a las redes de transporte transeuropeas, blindando la competitividad de las islas ante el empuje de los nuevos puertos del norte de África.
El mensaje de Madrid es claro: Granadilla debe dejar de ser una promesa de hormigón para convertirse en un activo generador de ingresos. La habilitación del muelle de Ribera permitirá liberar espacio en la capital para usos de mayor valor añadido, como el tráfico de pasajeros y el ocio, mientras traslada la logística pesada y el almacenamiento industrial a un entorno diseñado específicamente para el gigantismo naval. Con el Consejo de Ministros despejando el camino financiero, la pelota queda ahora en el tejado de la Autoridad Portuaria para ejecutar con agilidad y evitar que el «coste de oportunidad» siga lastrando el crecimiento de Tenerife.
Noticia escrita por Raquel Molina. Editado y verificado por Pedro Marrero. Información cruzada sin filtros institucionales. Este análisis no ha sido financiado por publicidad oficial ni condicionado por intereses de lobby.










