La compañía aérea Volotea afronta una encrucijada estratégica tras la negativa formal de su socio griego a asumir el control de la empresa. La compañía helena, controlada por la familia Laskaridis, dueños de Astican, y con una posición de caja que roza los 1.000 millones de euros, prefiere preservar su liquidez mientras aplica un plan de contención de costes de ocho meses para amortiguar el encarecimiento del carburante en sus propias rutas.
La directiva de Aegean Airlines ha descartado públicamente la posibilidad de ejecutar una conversión de deuda en participaciones accionariales para absorber a la firma de bajo coste fundada por Carlos Muñoz. Esta decisión congela las especulaciones sobre una integración empresarial y aboca a la aerolínea española a abordar en solitario una profunda reestructuración financiera y operativa para asegurar la viabilidad de sus rutas.
El desmentido de Aegean responde a las análisis publicados por el portal especializado CH Aviation, que apuntaban a la transformación del pasivo en capital social como vía de rescate. La cúpula de la aerolínea helena, encabezada por Dimitri Gerogiannis, ha cerrado la puerta a incrementar su exposición en la estructura financiera de la firma española.
A pesar de declinar el canje de deuda, el operador griego mantendrá vigentes los acuerdos de cooperación comercial y operativa establecidos hasta la fecha. Aegean ostenta en la actualidad una participación del 20% en el accionariado de Volotea y figura entre sus principales acreedores privados con un saldo pendiente de 56 millones de euros. Mientras tanto, la cúpula de Volotea ha rehusado realizar valoraciones sobre la posición adoptada por el socio heleno.
La negativa de Aegean coincide con un escenario de fuerte tensión operativa provocado por la escalada del precio del combustible para la aviación. El encarecimiento del queroseno ha generado un desvío presupuestario de casi 150 millones de euros en la cuenta de resultados de Volotea. Esta desviación económica ha acelerado la adopción de medidas drásticas de contención para aliviar la carga financiera de la compañía antes del cierre del año en curso.
El programa de contingencia diseñado por la dirección contempla el despido de 50 empleados adscritos a los servicios centrales de la aerolínea en Barcelona. En el ámbito operativo, la empresa reducirá la dimensión de su flota de 40 a un abanico de entre 30 y 35 aeronaves en servicio activo, devolviendo o dejando en tierra hasta una decena de aparatos para recortar costes fijos.
En paralelo a la reducción de gastos, Volotea ha abierto dos frentes de negociación para estabilizar su tesorería y evitar tensiones de caja insalvables. Por un lado, la firma negocia con sus acreedores bancarios e institucionales, entre los que destaca la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), el calendario de vencimientos de la deuda pendiente. Por otro, la dirección sondea la entrada de nuevos socios inversores mediante una ampliación de capital que aporte recursos frescos a la caja del grupo.
La dirección de la aerolínea sitúa en el mes de diciembre la fecha límite para cerrar el acuerdo de refinanciación con la SEPI y el pool bancario. El éxito de estas conversaciones y la captación de nuevo capital resultarán determinantes para redefinir el tamaño futuro de la aerolínea y mantener su operativa en el mercado aéreo europeo.










