
El estrangulamiento logístico en el Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20 % del crudo mundial y un 33% de los fertilizantes, ha activado una onda de choque inflacionaria que impacta con especial virulencia en la ultraperiferia canaria. La escalada del Brent en un 64 % y el repunte del 81 % en los destilados —combustible para aviones y gasóleo— comprometen la conectividad aérea y encarecen estructuralmente el transporte interinsular de mercancías. Este escenario se ve agravado por el encarecimiento del 76 % en la urea desde diciembre, un insumo crítico que, sumado al alza de los fletes, amenaza con asfixiar la rentabilidad de las explotaciones agrícolas locales que ya operan con márgenes estrechos bajo el REA.
Para el archipiélago, esta «inflación real» descrita por el fortalecimiento del dólar frente al complejo de materias primas supone una erosión directa del poder adquisitivo superior a las cifras oficiales del IPC-U del 2,4 %. La posibilidad de que no existan recortes de tasas en 2026 encarece la financiación de las pymes importadoras canarias en un momento donde los costes de insumos —como el maíz— anticipan una cesta de la compra más costosa. Canarias, dependiente de un mercado de maíz tipo 9, enfrenta un 2026 donde el coste de la vida estará dictado por la geopolítica del petróleo y la escasez de grano, obligando a una revisión urgente de las partidas de ayuda al transporte para evitar el desabastecimiento o la quiebra del sector primario.
La desconexión entre la disponibilidad de carne en el mercado y la realidad del censo ganadero en origen va a reconfigurar las rutas de importación hacia el archipiélago. Esta contracción estructural, motivada por el encarecimiento del maíz de pienso —que ha escalado un 14% desde septiembre hasta los 4,24 dólares—, presiona directamente los márgenes de los importadores canarios que operan bajo el Régimen Específico de Abastecimiento (REA), enfrentándolos a precios de carne de vacuno en niveles récord de 400 dólares por unidad de corte choice.
El Puerto de La Luz y de Las Palmas, termómetro de la demanda interna, comienza a detectar un trasvase estratégico en el consumo de proteína. El encarecimiento del búnker y la volatilidad energética derivada del conflicto en Irán actúan como el factor definitivo que está rompiendo la resiliencia de la demanda de vacuno. Este movimiento sugiere que el consumidor isleño, ante la elección entre llenar el depósito de combustible o comprar carne roja, está optando por proteínas más económicas.
La seguridad alimentaria de las islas, aunque no comprometida en volumen, se vuelve extremadamente sensible a la volatilidad de los derivados del petróleo y los fertilizantes. La parálisis en la publicación de las Obligaciones de Volumen Renovable (RVO) para 2026 ha generado una acumulación de subproductos que, lejos de abaratar los piensos, están siendo absorbidos por una demanda avícola creciente. Para los puertos canarios, esto implica una reordenación de negocio y las terminales de frío, priorizando la rotación de mercancía avícola sobre el almacenamiento prolongado de vacuno, cuyas existencias en cámaras frigoríficas comienzan a mostrar señales de estancamiento.
El escenario para el resto de 2026 sitúa la lupa sobre la meteorología y la eficiencia portuaria. A diferencia de la crisis de 2022, donde el foco fue la interrupción del suministro de grano en Ucrania, el conflicto actual centra el riesgo en el coste del transporte y el refino. Las terminales de Tenerife y Gran Canaria se preparan para un ciclo de precios altos sostenidos, donde la capacidad de los algoritmos de compra para reaccionar a los titulares geopolíticos será la que determine el precio final en el lineal del supermercado, en un mercado donde la soberanía alimentaria depende, hoy más que nunca, de la cotización del barril y el flete transatlántico.










