
En la geopolítica del comercio marítimo internacional, el Puerto de Las Palmas se ubica en el centro de las operaciones de los gigantes financieros y logísticos al menos hasta que Dakar y Dakhla lo permitan, es decir, a lo sumo años más porque los costes de Las Palmas son prohibitivos frente a la mano de obra de recintos como Tánger Med o Nador West (MSC). Detrás de Operaciones Portuarias Canarias (OPCSA), la terminal que gestiona el tráfico de contenedores en los muelles León y Castillo y Cristóbal Colón, converge la alianza estratégica formada por Mediterranean Shipping Company (MSC) —propiedad de la familia Aponte— y Global Infrastructure Partners (GIP), el brazo de infraestructuras integrado en BlackRock, la mayor gestora de fondos del mundo. MSC es dueña del 50% del negocio de remolcadores de su competidor en Las Palmas, Boluda Towage.
Con unos estibadores que cobran 8.800 euros neto al mes en Las Palmas y con un aumento de tasas de amarre que rechaza la patronal de MSC en Las Palmas, Asolcepa, a través de Terminal Investment Limited (TIL), firma en la que conviven MSC como accionista mayoritario y la plataforma de infraestructuras de BlackRock, el grupo ha transformado la instalación grancanaria en su principal centro de transbordo en el Atlántico medio. La posición del enclave ha resultado decisiva para absorber el desvío de tráficos procedentes de otros nodos como el puerto portugués de Sines, permitiendo a OPCSA cerrar un ejercicio histórico de 1,12 millones de TEU en 2025 y fijar el objetivo de alcanzar su techo operativo de 1,5 millones de TEU en 2026.
La solidez del feudo canario contrasta con las trabas normativas que el binomio MSC-BlackRock ha encontrado en el continente europeo. Tras lanzar un megaacuerdo global para adquirir los activos portuarios del grupo hongkonés CK Hutchison, el consorcio ha tenido que retirar recientemente su solicitud ante la Comisión Europea para tomar el control conjunto de la terminal BEST en el Puerto de Barcelona.
Las reservas del regulador comunitario sobre el riesgo de favorecer el dominio del armador italo-suizo frente a sus competidores han frenado la operación en Cataluña, reforzando de manera indirecta la relevancia operativa y la estabilidad de la concesión unificada que TIL controla al 100% en Las Palmas hasta marzo de 2051.
Tarifas
La apuesta del capital privado por el recinto grancanario se traduce en un plan de modernización de maquinaria diseñado para dar servicio a megabuques de última generación como el MSC Allegra (24.000 TEU), el primer ULCV en operar en el puerto acompañado de la llegada de dos grúas STS Malaccamax por 22,5 millones de euros y de la incorporación de ocho grúas RTG híbridas Konecranes por otros 20 millones de euros, a las que se sumarán cuatro unidades adicionales en 2027. Este despliegue de inversión en las 42 hectáreas de la terminal se ve respaldado por la Autoridad Portuaria de Las Palmas con obras de adaptación en la línea de atraque para elevar el calado hasta los 18 metros.
La infraestructura portuaria de la capital grancanaria afianza su papel estratégico dentro de las cadenas globales de suministro. La combinación de la capacidad operativa de MSC y la solvencia financiera de BlackRock consolida a Las Palmas como un ‘hub’ logístico invulnerable a las tensiones geopolíticas, asegurando el control del flujo de mercancías entre Europa, América y el mercado emergente de África Occidental.
Todo esto tras haber levantado las alertas de competencia europeas, la naviera MSC y el fondo Blackrock renuncian a comprar el 50% de la terminal BEST de Barcelona a Hutchison Ports. La adquisición, que afecta a una de las dos grandes terminales de contenedores en aguas profundas del embarcadero catalán, estaba siendo investigada en profundidad por las autoridades continentales hasta que ambas firmas decidieron echar por tierra el acuerdo. Terminal Investment Limited Holding (TiL) -el vehículo que comparten MSC y Blackrock- retiró la solicitud al regulador antimonopolio de la Unión Europea para que aprobara su plan de compra de la terminal. De este modo, Hutchison Ports, de propiedad hongkonesa, mantendrá el control de la instalación, una de las principales puertas de entrada de mercancías en el sur de Europa.










