
La empresa canaria con origen en Lanzarote de la familia Noda pasa a otro nivel. El banco de inversiones Alantra, que se suponía que iba a dejar siempre el protagonismo al talento canario de la pesca, vende una de las sociedades más importantes del puerto de Las Palmas, Unión Martín, con una facturación en torno a los 100 millones de euros fruto de red de contactos e influencia del capital canario en mercados como Mauritania y Marruecos.
Cuando Alantra compró, según fuentes del sector consultadas por Canarymaritime, el órgano decisor iba a estar en Las Palmas con personal directivo canario. Pero eso cambió en 2025 y en menos de un año el fondo está buscando colocar la empresa. «Al menos han buscado a una empresa del sector», djo a este periódico un operador logístico del puerto de Las Palmas.
La empresa contaba con operaciones en Valencia y entre sus clientes más potentes además de la flota japonesa estaba Hipercor, Mercadona o Lidl. De salir de Canarias la dirección de Unión Martín, la única empresa pesquera que hay en Las Palmas con sede fiscal es rusa: Norebo, rebautizada por esas cosas de la prudencia como ‘Casa del Jurel’.
Este ‘adiós’ forzado por Alantra es un síntoma de la fragilidad del tejido empresarial propio. El capital riesgo godo cumple su ciclo, recoge beneficios y entrega la llave del caladero a Vigo, dejando a los 135 empleados directos de la plantilla canaria bajo la incertidumbre de un plan de integración que suele priorizar la eficiencia en la matriz gallega.
Ya está bien
El tablero del Atlántico Medio asiste a una nueva maniobra de concentración de capital que amenaza con borrar del mapa una de las últimas insignias del procesado pesquero en el Archipiélago. Alantra Private Equity, el brazo financiero que hoy controla Unión Martín, ha comenzado a perfilar la salida de la compañía canaria hacia las manos de la gigante gallega Profand. Lo que en los despachos de Madrid se lee como una «desinversión estratégica» con plusvalías, en el Puerto de La Luz se interpreta como el último clavo en el ataúd de la soberanía industrial de las Islas: otro operador que sucumbe al apetito del continente.
La operación, confirmada este lunes tras el inicio de una due diligence encargada por la firma de Enrique García Chillón, pone en vilo a 600 familias que dependen de la estructura de Unión Martín, repartidas entre Canarias, Valencia, Mauritania y Marruecos. El movimiento es una réplica exacta de una vieja partitura: empresas que nacen y crecen al amparo de las ventajas fiscales del REF y el caladero canario-sahariano, solo para terminar engrosando el balance de multinacionales de la Península.
El fin de la singularidad
Unión Martín no es un actor menor. Con una facturación sobre 100 millones de euros y un volumen que roza las 20.000 toneladas anuales, la firma ha sido durante tres lustros el puente de oro entre el banco canario-sahariano y los lineales de Mercadona básicamente. El grupo canario no solo aporta capturas; el año pasado inauguró en Las Palmas el primer frigorífico de las Islas capaz de congelar a -60°C, una pieza de tecnología punta destinada al mercado de sashimi que ahora pasará a ser gestionada desde Vigo.
La absorción por parte de Profand —que ya integra el selecto club de las empresas milmillonarias con 1.009 millones de facturación en 2024— supone la consolidación de un monopolio gallego sobre la cesta de la compra del archipiélago. Profand, que ya devoró a la aragonesa Caladero en 2019, utiliza el músculo financiero generado en sus plantas de Vilagarcía de Arousa y Cambre para anexionar territorios periféricos, eliminando la competencia que Unión Martín representaba en la zona FAO 34.
Un puerto como sucursal
La preocupación en el entorno de la Autoridad Portuaria de Las Palmas es tangible aunque no se haya dicho. La pérdida del centro de decisión de Unión Martín desplaza el eje de gravedad del negocio extractivo. Mientras Profand anuncia inversiones de 43 millones de euros para triplicar su producción en Galicia, en Canarias el temor es que la planta de Las Palmas quede reducida a una mera terminal logística, una sucursal recolectora sin autonomía financiera ni capacidad de reinversión local.










