
El otoño de 1977 dejó una estampa imborrable en los muelles de Las Palmas. El portaaeronaves Dédalo (R-01), con su inconfundible silueta de portaaviones ligero de la clase Independence, encabezó una agrupación de diez buques que convirtió el Puerto de La Luz en la base de operaciones de la maniobra «Mar Canarias». Este despliegue no solo buscaba el adiestramiento táctico en las costas de Fuerteventura, sino que servía como escaparate de la modernización de una Armada que empezaba a mirar de tú a tú a sus aliados occidentales. Junto al «Dédalo», el transporte de ataque «Galicia» y las fragatas de la clase Baleares («Cataluña», «Andalucía» y «Extremadura») formaron un muro de acero completado por cinco destructores de las clases Fletcher y Gearing: el «Lángara», el «Blas de Lezo», el «Churruca», el «Alcalá Galiano» y el «Jorge Juan».
El «Dédalo» era, por entonces, el alma de la flota. Su origen como el USS Cabot, veterano de la Segunda Guerra Mundial que sobrevivió a los kamikazes en 1944, le otorgaba un aura de invulnerabilidad. Entregado a España en 1967 y comprado definitivamente en 1973, su presencia en Canarias en 1977 demostró la capacidad de la Armada para proyectar helicópteros de lucha antisubmarina y, años más tarde, los revolucionarios aviones Harrier de despegue vertical.
Aquellos ejercicios en Fuerteventura fueron el preludio de una década de intensa actividad para el buque insignia. Desde rescates heroicos en Ibiza hasta la formación militar del entonces Príncipe de Asturias en 1987, el «Dédalo» fue el centro neurálgico del poder naval español hasta que el «Príncipe de Asturias» (R-11) tomó el relevo a finales de los ochenta. Hoy, el recuerdo de la operación «Mar Canarias» de 1977 permanece como el testimonio de una época en la que la Armada española, con buques de segunda mano pero tripulaciones de primera, mantenía el equilibrio estratégico en el eje Canarias-Estrecho.










