Un muro de contención en la sombra. Cincuenta y nueve agentes en primera línea de muelle, respaldados por cinco jefes de equipo y cinco jefes de servicio, sostienen la trinchera logística e ignota de las dársenas tinerfeñas. Su escenario no admite tregua ni pausas: cuando los cayucos de la ruta canaria avistan la bocana, el engranaje del puerto no se paraliza; se transforma. La Policía Portuaria encaja el primer impacto operacional de la crisis humanitaria, custodiando las fronteras marítimas y gestionando el depósito de embarcaciones en Granadilla mientras el tráfico comercial fluye sin descanso.
Homenaje institucional en el Teatro Leal
El silencio mediático sobre este cuerpo se rompió en La Laguna. El Teatro Leal albergó la entrega de honores de la Policía Local lagunera durante el 185º aniversario del cuerpo municipal y la festividad de San Miguel Arcángel. El subcomisario-jefe Jesús González Gutiérrez otorgó la distinción a Agustín Ávila, responsable de la Policía Portuaria, y a Diego Herrero, jefe de Servicio en Granadilla, en representación de toda la plantilla de la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife. El galardón premia la firmeza técnica en el control de emergencias, la custodia del depósito de cayucos y la cooperación entre fuerzas.
Agustín Ávila contempla el trasiego del muelle con esa mirada pausada de quien sabe que el mar nunca descansa, amarrando el orden sobre el asfalto donde otros solo ven barcos que van y vienen, portando sobre los hombros el peso invisible de una responsabilidad callada que no busca aplausos ni estatuas, apenas la certidumbre de haber guardado la puerta del puerto un día más.
Diego Herrero mide el pulso del muelle de Granadilla en medio del viento implacable, sabiendo que la verdadera custodia exige temple y oficio en la sombra, coordinando el flujo de hombres y embarcaciones mientras sostiene, sin aspavientos ni artificio, esa firmeza callada que mantiene a flote la seguridad de toda la dársena.
Una policía administrativa en el corazón de la infraestructura crítica
Lejos del estándar de la seguridad ciudadana común, la Policía Portuaria opera como una policía administrativa altamente especializada. Su razón de ser consiste en controlar y fiscalizar las operaciones y servicios marítimo-terrestres para garantizar que la actividad comercial se preste con seguridad, eficiencia y eficacia. Su ámbito de actuación abarca la protección de las personas, la seguridad ambiental, la prevención de riesgos industriales, el cumplimiento de la normativa de protección de datos y la continuidad de los servicios esenciales en los recintos de Santa Cruz, Granadilla, La Palma, Los Cristianos, La Gomera y El Hierro.
Cadena de mando y reparto operacional en los recintos insulares
La estructura operativa depende del Departamento de Explotación del Puerto y de los jefes de Zona de cada división territorial. En la cúspide operativa, el responsable de la Policía Portuaria planifica el servicio, organiza la plantilla y coordina el cumplimiento de la legalidad en la zona de servicio. La cobertura diaria recae en cinco jefes de Servicio que dirigen los turnos geográficos, apoyados por cinco jefes de Equipo encargados de liderar a los 59 agentes sobre el terreno y asumir el mando en ausencia de los superiores.
Este despliegue cubre desde la apertura, custodia y vigilancia de instalaciones hasta el control de la seguridad vial y los accesos portuarios. Además, los agentes velan por la seguridad de mercancías, pasajeros y empleados en estrecha colaboración con la Administración de Justicia y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Primeros intervinientes en el frente migratorio
Pese a la falta de personal provocada por jubilaciones, ascensos y movilidades pendientes de cobertura, la plantilla asume intervenciones de máxima exigencia. En situaciones donde el puerto es escenario de incidencias que exceden la competencia administrativa pura, la Policía Portuaria actúa como primer interviniente, conteniendo el riesgo hasta la llegada de las fuerzas competentes. Esta labor de primera respuesta ha resultado decisiva durante el repunte de la crisis migratoria, consolidando a los agentes como el pilar de la seguridad marítima en los muelles de la provincia.










