
El atractivo fiscal e insular de Canarias está perdiendo impulso frente a la rigidez del aparato administrativo. A pesar de contar con incentivos clave como la Zona Especial Canaria o un régimen tributario diferenciado, el flujo de grandes proyectos internacionales comienza a resentirse debido a la dilatación de las licencias y la acumulación de trabas regulatorias.
El diagnóstico dentro del tejido empresarial insular es unánime sobre el obstáculo que frena la llegada de nuevos fondos. «La inversión extranjera en Canarias se ralentiza porque somos demasiado burocráticos», ha sentenciado el empresario Octavio Rodríguez Toledo, director gerente del Grupo Rodritol, al analizar las barreras que encuentran los proyectos industriales y de infraestructura en las Islas. Para hacer esta noticia no se ha establecido acuerdo comercial o publicitario con las partes mencionadas atendiendo al compromiso de Canarymaritime con sus lectores.
La lentitud en la tramitación de expedientes no solo desmotiva a los promotores externos, sino que traslada las iniciativas hacia destinos con mayor seguridad jurídica y rapidez operativa. «Muchos de los inversores que podrían fijarse en Canarias optan por otros mercados porque las administraciones tardan años en otorgar los permisos necesarios«, añade el empresario, advirtiendo sobre la pérdida de competitividad frente a otros nodos del Atlántico.
El impacto de esta lentitud institucional afecta de manera directa a sectores clave para la diversificación económica, como la industria naval, las energías renovables y la logística portuaria. En palabras de Rodríguez Toledo, «el capital exige certeza y agilidad, y no podemos permitirnos el lujo de bloquear proyectos estratégicos que generan empleo cualificado y riqueza local por falta de coordinación entre instituciones».
Frente a esta situación, el sector privado insular demanda una simplificación urgente de los procesos administrativos y la unificación de criterios entre las distintas dependencias públicas. «Si no somos capaces de reducir la maraña legislativa y acelerar las respuestas de la administración, seguiremos dejando escapar oportunidades históricas para el desarrollo de las Islas«, concluye.
La burocracia administrativa: El proceso para consolidar la concesión del nuevo varadero se prolongó durante casi una década desde la licitación inicial, sorteando hallazgos imprevistos de infraestructuras subterráneas y trámites entre múltiples administraciones. «La inversión extranjera en Canarias se ralentiza porque somos demasiado burocráticos,» valora el empresario.
Para Rodríguez Toledo, encontrar financiación es un reto menor en comparación con el déficit de perfiles técnicos e industriales. «Falta equilibrio en la formación. Hay escasez de electricistas, soldadores, bobinadores, pintores y especialistas en fibra. Es fundamental acercar la Formación Profesional a las necesidades reales que demanda la industria insular,» concluye.










