
La Hacienda pública de Canarias registra un enfriamiento en la recaudación líquida del Impuesto Especial sobre Combustibles Derivados del Petróleo durante el arranque del ejercicio económico. Los ingresos acumulados hasta marzo de 2026 se situaron en 80,7 millones de euros, una cifra que refleja un retroceso del 4,41% en comparación con el mismo trimestre del año anterior y un descenso más moderado, del 0,60%, frente al balance de 2024. Los datos quiebran la tendencia expansiva que el tributo consolidó en el ciclo previo, aunque el volumen total de fondos conserva un saldo positivo del 4,98% al contrastarlo con el primer trimestre de 2023, periodo en el que la actividad económica regional operaba bajo un marco regulatorio de devoluciones extraordinarias notablemente más agresivo.
Presión estacional en las liquidaciones de marzo
Las tensiones en los balances de tesorería de la comunidad autónoma se concentraron con especial nitidez en las liquidaciones mensuales de marzo. Frente a una horquilla habitual de ingresos que oscila de manera recurrente entre los 25 y los 30 millones de euros en circunstancias normales de mercado, la recaudación de marzo de 2026 cayó hasta los 23,4 millones de euros. Esta contracción sitúa el rendimiento del mes un 11,45% por debajo del registrado en marzo de 2025, profundiza la brecha hasta un 17,13% si se compara con marzo de 2024 y cede un 2,92% respecto al mismo periodo de 2023. El comportamiento responde a un doble factor técnico: la caída de la recaudación bruta mensual y el desembolso de reembolsos pendientes a los sectores productivos.
Los libros contables detallan que los ingresos brutos del mes de marzo retrocedieron un 3,40% en relación a 2025 y un 2,85% respecto a 2024. El verdadero catalizador del descenso neto radica en el volumen de devoluciones ejecutadas por la administración tributaria regional durante el periodo de liquidación. El flujo de caja saliente destinado a reembolsos escaló un 42,24% en la comparativa interanual con 2025 y registró un repunte del 122,77% frente a los niveles de marzo de 2024, un drenaje de liquidez que intensificó el diferencial negativo y que ya venía precedido por una disminución del 6,41% en la recaudación de marzo de 2025 respecto al mismo mes de 2024.
El impacto de la homogenización de series históricas
La evaluación del desempeño real del impuesto exige depurar el histórico de distorsiones normativas heredadas de la crisis energética de 2022. La orden gubernamental que elevó la devolución parcial del gravamen hasta el 99,9% de la cuota para agricultores y transportistas, vigente entre marzo de 2022 y diciembre de 2023, alteró las bases comparativas tradicionales. Al aplicar el ajuste de homogeneización contable para aislar el impacto de este subsidio, la recaudación líquida acumulada a marzo de 2026 arroja una disminución real del 0,96% respecto al primer trimestre de 2023. El análisis mensual bajo este criterio homogéneo ensancha la caída de marzo hasta el 7,49% en relación al nivel de ingresos de hace tres años.
Fragmentación sectorial del diésel industrial
Las modificaciones estructurales en la arquitectura del impuesto introducidas mediante la Ley de Presupuestos Generales de Canarias continúan reconfigurando el mapa sectorial de ingresos. La segregación del mercado mayorista mediante el epígrafe 2.2, diseñado específicamente para los gasóleos de uso industrial, consolidó una tributación menor de 90 euros por unidad, una bonificación de calado frente a los 222 euros que soportan los gasóleos de uso general. Esta brecha impositiva de 132 euros incentiva el consumo en el tejido manufacturero e industrial canario, pero limita de forma simultánea la capacidad de recuperación de la recaudación global en un entorno de menor dinamismo en la distribución mayorista.
La entrada en vigor del nuevo régimen de compatibilidad de ayudas a partir de febrero de 2025 añade un elemento de certidumbre para la demanda del sector primario y logístico. Los operadores económicos de las islas pueden absorber de manera simultánea la bonificación extraordinaria sobre el precio de venta minorista del refino y la devolución parcial del impuesto especial, del que se benefician a transportistas. Al configurarse como un impuesto especial que grava los litros de combustible entregados en la fase mayorista y no el valor monetario final del producto, la recaudación del impuesto sobre combustibles permanece blindada ante los efectos de la inflación, vinculando el éxito fiscal del tributo de forma exclusiva al volumen físico de refino movilizado por los operadores logísticos del archipiélago.










