Panagiotis Laskadiris, el magnate griego propietario de Astican, dueño de Lavinia, ha puesto esta semana el dedo en la llaga de uno de los problemas más graves que acechan al negfraestructuras como el negocio de reparaciones navales que tiene en Las Palmas: la escasez crónica de personal especializado. Para el magnate griego, la industria naval europea está perdiendo la batalla global no por falta de barcos o tecnología, sino por un vacío alarmante de marinos y técnicos cualificados, un déficit que ya está pasando factura en la capacidad de respuesta de los astilleros y las navieras frente a sus competidores en Asia y Oriente Medio.
Con motivo del 10º aniversario del Máster en Transporte Marítimo Internacional, Finanzas y Gestión (ISFM) de la Universidad de Economía y Negocios de Atenas, que se celebró en la Fundación Eugenides, Laskaridis ha denunciado que Europa ha cometido un error de cálculo estratégico. Según su análisis, el continente se ha obsesionado con mejorar las condiciones de vida a bordo —buscando barcos más confortables y sostenibles—, pero ha olvidado lo más elemental: atraer a las personas hacia la profesión. El resultado es una industria envejecida que no logra seducir a las nuevas generaciones, dejando puestos críticos como jefes de máquinas, oficiales electrónicos y mecánicos especializados en manos de un mercado laboral exhausto y sin relevo.
Esta crisis de personal local es la que explica el fenómeno que se vive a diario en el Puerto de Las Palmas, donde las agencias de reclutamiento internacionales importan tripulaciones completas desde el sudeste asiático o África. Laskaridis sostiene que mientras Europa no recupere el impulso para fomentar las vocaciones marítimas, las empresas se verán atrapadas en un bucle de dependencia externa. La paradoja es evidente: en un entorno de alta sofisticación técnica el factor humano se ha convertido en el recurso más escaso y difícil de reponer.
El dueño de Astican vincula esta carencia con la falta de peso político del transporte marítimo en Bruselas. Al no tener «votos», el sector ha sido ignorado en los planes de formación y promoción laboral, priorizando en su lugar normativas medioambientales que, aunque ambiciosas, no resuelven quién manejará la tecnología del mañana. Laskaridis advierte de qu las «soluciones prácticas» de las que carece la industria seguirán siendo un espejismo, dejando a los puertos europeos como meros espectadores de un negocio que se desplaza irremediablemente hacia otras latitudes.
De otro, Thanasis Martinos, dueño de Minerva, habló en el mismo foro sobre el impacto de la guerra en Ucrania en toda la industria naviera, afirmando inicialmente que esta situación ha afectado drásticamente al transporte marítimo, especialmente a los petroleros y metaneros, aumentando significativamente los kilómetros recorridos para el transporte de petróleo y gas natural. Para Grecia, dijo que todavía cubre aproximadamente el 50% de sus necesidades de gas natural desde Rusia, mientras que para Europa dependerá de las importaciones de GNL principalmente de EE.UU. y Qatar, lo que beneficiará significativamente a los metaneros, incluidos los griegos. De hecho, como destacó, es aquí donde se verá la importancia del transporte marítimo griego, ya que sin él el coste para los consumidores europeos en términos de transporte de GNL sería considerablemente mayor de lo que ya es ahora.
Noticia escrita por Raquel Molina. Editado y verificado por Pedro Marrero. Información cruzada sin filtros institucionales. Este análisis no ha sido financiado por publicidad oficial ni condicionado por intereses de lobby.










