Transocean ha superado este octubre el primer gran filtro regulatorio para consolidar su hegemonía en la perforación marina de gran calado. La multinacional con sede en Suiza ha recibido el visto bueno de la División Antitrust del Departamento de Justicia de EE. UU. (DOJ) para proceder con la adquisición de Valaris mediante un intercambio accionarial valorado en 5.800 millones de dólares. El dictamen abre la vía para completar la operación en el cuarto trimestre de 2026, a la espera de la resolución del órgano de competencia de Brasil.
La transacción alterará la correlación de fuerzas en la logística de aguas profundas y ultraprofundas al integrar la flota de Valaris —compuesta por buques de perforación (drillships), plataformas semisumergibles y unidades autoelevables (jackups)— bajo el control operativo de Transocean. La maniobra busca capturar eficiencias de escala, recortar costes corporativos duplicados y reforzar el poder de negociación en la contratación de tarifas diarias (day rates) frente a las grandes petroleras internacionales.
El examen de CADE y la marea de consolidación atlántica
El único obstáculo administrativo de calado para cerrar la fusión se localiza en Brasil, donde el Consejo Administrativo de Defensa Económica (CADE) inició la revisión formal del expediente el pasado 7 de agosto. El pronunciamiento de Brasilia resulta determinante dado el elevado volumen de unidades que ambas corporaciones despliegan en las aguas ultraprofundas de la cuenca de Santos y el presal, un nodo estratégico para los contratos de exploración a largo plazo.
La absorción de Valaris por parte de Transocean se encuadra en una oleada generalizada de fusiones en el sector de la perforación offshore. La industria busca concentrar activos tras la reestructuración del mercado iniciada a comienzos de año, cuando Borr Drilling cerró la compra de cinco plataformas jackup a Noble Corporation por 360 millones de dólares para elevar su flota a 29 unidades. La suma de capacidades entre Transocean y Valaris busca elevar las barreras de entrada y optimizar la tasa de utilización de los buques en los principales corredores del Atlántico.










