
El concepto de seguridad en las Islas Canarias ha dado un giro irreversible. El general Alfonso Pardo de Santayana, jefe del Estado Mayor del Cuartel General del Mando de Canarias, ha verbalizado lo que los analistas de inteligencia llevan tiempo advirtiendo: el archipiélago se mueve en un entorno estratégico «muy complejo» donde los enemigos ya no son ejércitos convencionales, sino actores híbridos que operan en la zona gris de la legalidad internacional.
La estrategia del Mando de Canarias se ha rediseñado para combatir amenazas que no buscan una confrontación directa, sino el desgaste de las instituciones a través de redes criminales vinculadas al tráfico irregular de personas, armas y actividades ilícitas. Para el general, el peligro radica en que estos actores aprovechan los flujos humanos y económicos para camuflar operaciones que socavan la soberanía nacional, utilizando la inestabilidad de la región africana como plataforma de lanzamiento.
Ante este escenario de ambigüedad, el Ejército ha impuesto la doctrina de «pisar el terreno». La presencia física permanente de las unidades del Mando Operativo Terrestre en enclaves estratégicos no es solo una medida de control, sino un antídoto contra el vacío de poder. En la guerra híbrida, cualquier espacio geográfico o institucional que el Estado deje desatendido es ocupado inmediatamente por redes de influencia externa o mafias transnacionales que actúan como peones de intereses geopolíticos ajenos.
La visibilidad del despliegue se ha convertido, por tanto, en la principal herramienta de disuasión. Al ocupar físicamente el territorio y acompañarlo de una comunicación institucional agresiva, el Estado español lanza un mensaje directo a estos actores diversos: no hay grietas en el control fronterizo. El objetivo es que cualquier intento de desestabilización mediante flujos irregulares sea detectado y neutralizado antes de que se convierta en una crisis de soberanía, reforzando a Canarias como un bastión inexpugnable frente a las nuevas formas de conflicto que definen el siglo XXI.










