
Gran Canaria navega en 2026 en aguas peligrosas. Con un déficit de potencia firme que oscila entre los 120 y los 140 MW, el sistema eléctrico de la isla —aislado y sin interconexión con el continente— ha entrado en una fase de vulnerabilidad crítica. El fantasma del «cero energético» no es ya una advertencia teórica, sino una amenaza inmediata que ha empujado al Gobierno regional a una solución de emergencia: la contratación de un buque de generación fósil (powership) de la clase Shark, operado por la turca Karpowership. Sin embargo, lo que se presenta como un salvavidas temporal empieza a ser cuestionado como una «locura» logística y ambiental que solo perpetúa la dependencia del hidrocarburo.
El parche turco y la factura del carbono
La solución adoptada por el Ejecutivo canario de la mano del PP es, en esencia, un motor de combustión a escala industrial atracado en el Puerto de La Luz aunque el consejo de administración de dejó la licencia de operaciones sobre la mesa el pasado mes de noviembre. Aunque el buque de 125 MW es capaz de tapar el agujero energético a corto plazo, el coste estructural es elevado. Esta «gasolinera flotante» exige un suministro constante de barcos cisterna, exponiendo la factura eléctrica de las islas a la volatilidad del mercado del crudo y emitiendo toneladas de CO2 y óxidos de nitrógeno en un entorno urbano densamente poblado. Es, según los críticos, una respuesta del siglo XX a una crisis de seguridad energética del siglo XXI.
Frente a esta inercia de los combustibles fósiles, el Centro Peter Huber de la Universidad de las Hespérides ha puesto sobre la mesa un cambio de paradigma: reactores nucleares flotantes. El documento, elaborado por los expertos Manuel Fernández Ordóñez y Daniel Fernández Méndez, sostiene que Gran Canaria no necesita más parches químicos, sino una «columna vertebral» de potencia firme que solo la energía nuclear puede garantizar con una disponibilidad superior al 94%.
Más allá del kilovatio: el binomio energía-agua
La propuesta nuclear no solo aborda el suministro eléctrico, sino que toca el nervio más sensible de la economía canaria: el agua. En un archipiélago donde el 80% del agua de consumo humano depende de la desalación —un proceso que devora hasta el 12% de la electricidad generada—, la inseguridad energética es, por definición, inseguridad hídrica.
El análisis técnico sugiere que un solo reactor flotante de 70 MW, similar al Akademik Lomonosov que ya opera en el Ártico, podría desalar hasta 420.000 metros cúbicos diarios de agua potable utilizando calor residual. Es un salto de eficiencia que el barco turco, quemando diésel para mover turbinas convencionales, simplemente no puede alcanzar. Mientras la solución fósil es un contrato de arrendamiento temporal, la nuclear se plantea como una infraestructura para las próximas seis décadas.
El modelo «llave en mano» contra el tabú de los residuos
Uno de los mayores obstáculos para la energía nuclear en territorios insulares ha sido siempre la gestión de los residuos. Aquí, la propuesta de las Hespérides es pragmática: un modelo BOO (Build-Own-Operate). Bajo este esquema, un consorcio internacional suministraría el reactor «llave en mano», encargándose de retirar el combustible gastado y los residuos a su país de origen. Gran Canaria compraría la energía, pero no heredaría el pasivo logístico.
La comparativa es implacable. Mientras el buque fósil refuerza la servidumbre energética y el impacto ambiental en el puerto, el reactor nuclear flotante ofrece emisiones nulas y costes operativos estables. Para los autores del informe, la verdadera temeridad no es explorar la tecnología nuclear, sino resignarse a quemar petróleo en el muelle de una ciudad que aspira a la vanguardia tecnológica. Canarias se encuentra, por tanto, ante la decisión de seguir pagando el peaje del diésel o liderar la transición hacia una autonomía energética real.
Noticia escrita por Gara Vega. Editado y verificado por Pedro Marrero. Información cruzada sin filtros institucionales. Este análisis no ha sido financiado por publicidad oficial ni condicionado por intereses de lobby.










