
En el sobrio entorno del Museo Elder de la capital grancanaria, la patronal Oneport (Fecol) ha orquestado este jueves algo más que un acto protocolario. La presentación del libro de homenaje a los presidentes del Puerto de Las Palmas de Mauel Vidal no ha sido solo un ejercicio de nostalgia, sino una calculada maniobra de soft power empresarial. En un sector a menudo fragmentado por intereses gremiales y la feroz competencia de las terminales, Oneport se ha erigido como la brújula moral de la comunidad portuaria. Nadie de la patronal del Régimen del 78 estuvo en acto aunque sí el presidente del Cluster Marítimo de Canarias, que es el brazo armado de Fedeport, Germán Carlos Suárez. Detalle diplomático que el presidente de Oneport, José Mayor, habría agradecido. Camino sobre la mar, que diría Machado.

El peso del legado en la ‘City’ del Atlántico
El evento, que reunió a la plana mayor del empresariado logístico y representantes institucionales, sirvió para recordar que la gobernanza de La Luz no es solo una cuestión de TEUs y metros lineales de muelle. Al rendir tributo a quienes han timoneado la Autoridad Portuaria, la patronal presidida por José Mayor envía un mensaje nítido al mercado: la estabilidad institucional es el activo más valioso de un puerto. Mientras los puertos del Mediterráneo se tambalean bajo la presión de las nuevas normativas de emisiones y la inestabilidad geopolítica, Las Palmas opta por mirar hacia dentro para proyectarse hacia fuera. El libro de Vidal no es solo papel; es un recordatorio de que el éxito del puerto —ese 2,5% del PIB regional— se ha cimentado sobre el consenso y la visión a largo plazo, valores que Oneport reclama ahora como propios.

Oneport y el arbitraje de valores
La importancia de este homenaje reside en quién lo convoca. En el ecosistema de La Luz, donde conviven gigantes de la consignación, el bunkering y la reparación naval, Oneport ha sabido ocupar un espacio que va más allá de la defensa de intereses comerciales. Para el inversor extranjero, lo ocurrido en Las Palmas al agrupar a todos los presidentes de Puertos de Las Palmas es una señal de madurez institucional.

La confianza se mide por la solidez de las relaciones entre los actores locales. Oneport ha demostrado que, más allá de las grúas y los diques, existe una estructura moral que protege el legado y marca el rumbo hacia el futuro. «No se trata de mirar al pasado con melancolía, sino de utilizar la historia como el sextante que nos permita navegar las aguas turbulentas de la transición energética y la competencia global», comentaba un asistente en los pasillos tras la presentación. El puerto de Las Palmas no solo mueve mercancías; este enero de 2026 ha demostrado que también mueve ideas y valores. Y en ese tablero, Oneport ha movido ficha para consolidarse como el guardián de la integridad de la gran familia portuaria.










