
En la historiografía portuaria de Canarias, pocos nombres suscitan tanta intensidad como el de José Manuel Arnáiz (2003-2005). En un nuevo extracto de la serie audiovisual ‘Presidentes a pie de muelle’ de la patronal Oneport y que ha comenzado a circular en redes sociales, el ingeniero de Caminos que dirigió el Puerto de Las Palmas en el arranque del milenio ha salido al paso para blindar su gestión bajo una premisa que mezcla la nostalgia técnica con la disciplina de hierro: «La historia se escribe, se guarda y se conserva».
Para Arnáiz, el éxito de lo que hoy conocemos como el gran hub tricontinental no fue una carambola del destino, sino el resultado de una maquinaria que no conocía el descanso. Su defensa se asienta en una mística del trabajo casi espartana: servicios operativos 24 horas al día, de domingo a lunes. El exdirigente justifica este ritmo frenético con una lógica de mercado que hoy suena a pragmatismo geopolítico: «Los domingos se trabaja en África». Bajo esa visión, Las Palmas no podía permitirse el lujo de la pausa occidental si quería ser el interlocutor de un continente que no apaga las máquinas.
El ingeniero frente al burócrata
En una entrevista en vídeo, no habla el político, sino el técnico que pasó 15 años a pie de muelle antes de ocupar el sillón presidencial. Esa experiencia como ingeniero de la casa le permitió, según sus propias palabras, conocer los engranajes internos de un entorno que exige precisión quirúrgica. Su relato dibuja una etapa de crecimiento exponencial donde el puerto no solo sumó toneladas y TEUS, sino que ganó relevancia internacional, dejando de ser una escala de servicio para convertirse en un actor protagonista en el tablero transatlántico.
La producción audiovisual de este extracto, bajo el sello de la serie OnePort, no solo busca el archivo histórico, sino que sitúa el debate en un momento clave de la actualidad portuaria. Al recordar que su periodo fue una «etapa ilusionante», Arnáiz lanza un mensaje implícito a la gestión contemporánea: la relevancia mundial se gana con una operatividad sin fisuras y un conocimiento profundo del terreno. Mientras el Puerto de Las Palmas enfrenta hoy nuevos desafíos de competencia y gobernanza, la figura de Arnáiz emerge para recordar que los cimientos de la competitividad actual se pusieron con turnos de domingo y una obsesión por la eficiencia que hoy, décadas después, él mismo se encarga de que la historia no olvide.










