
Desde que en 1940 pusiera su primera piedra, el Arsenal de Las Palmas se ha consolidado como la columna vertebral del apoyo logístico en el Atlántico medio. Lo que nació como una necesidad estratégica en plena posguerra es hoy una infraestructura crítica, única e imprescindible, sin la cual no se entendería la operatividad de las unidades navales con base en Canarias o de aquellas que transitan por sus aguas. Su papel va más allá de los muros militares; es un motor de eficiencia que ha sabido conjugar la disciplina castrense con una integración total en el tejido social y portuario de Las Palmas de Gran Canaria.
La Intendencia de Las Palmas ha resuelto el expediente para la rehabilitación de las instalaciones de la Oficina de Apoyo al Personal (OFAP) en el Arsenal Militar de la capital grancanaria. El contrato ha sido formalizado a favor de la unión temporal de empresas (UTE) formada por Servicios para la Infraestructura Castillo SL y Harado de Construcciones y Asistencias Técnicas SL, tras presentar una oferta de 441.985,01 euros.
Las obras, que cuentan con un plazo de ejecución de ocho meses, se centrarán en la segunda fase de modernización del edificio TA 26. La adjudicación se ha decidido bajo criterios puramente automáticos, donde el precio ha pesado un 70% de la puntuación total, complementado con la valoración de certificaciones de calidad (ISO 9001/14001), la formación en prevención de riesgos laborales y la cualificación técnica del jefe de obra.
Con esta intervención, el Ministerio de Defensa prosigue con su plan de actualización de infraestructuras en el estratégico enclave del Arsenal de Las Palmas. El proyecto, financiado íntegramente con presupuesto estatal sin recurso a fondos de la Unión Europea, busca optimizar la eficiencia de los servicios de apoyo al personal militar destinados en Canarias, compatibilizando la actividad constructora con la operatividad diaria de la base naval.
La clave de su longevidad reside en su capital humano. El personal del Arsenal, en una simbiosis perfecta entre militares y civiles, sostiene una estructura que acoge unidades de élite y servicios esenciales como la Unidad de Seguridad de Canarias, la Unidad de Buceo, la Intendencia y el Museo Naval. Esta amalgama de capacidades convierte al recinto en una ciudad dentro de la ciudad, donde la actitud positiva y colaborativa se ha impuesto como la metodología necesaria para afrontar los desafíos de seguridad que presenta el entorno geoestratégico actual.
La evolución técnica del Arsenal ha sido constante, marcando hitos que han definido su fisonomía moderna. Destacan de forma especial las ambiciosas modernizaciones acometidas entre 2009 y 2011. Aquella reforma no fue estética, sino una adaptación vital para recibir a los Buques de Acción Marítima (BAM) de la Clase Meteoro, una nueva generación de naves que exigía infraestructuras y capacidades tecnológicas a la altura de su diseño de vanguardia. Esta capacidad de metamorfosis demuestra que el Arsenal no es un ente estático, sino una entidad que respira al ritmo de los avances de la Fuerza Naval.
Más allá del muelle, el Arsenal es un vecino comprometido. Su estrecha relación con el Real Club Náutico de Gran Canaria, la Autoridad Portuaria y el Ayuntamiento de la capital evidencia una vocación de servicio que trasciende lo militar. Al celebrar sus 75 años de historia, la entidad no se limita a mirar por el retrovisor; se proyecta hacia el futuro con la determinación de quien se sabe razón de ser de la Fuerza. Con la vista puesta en los próximos desafíos, el Arsenal de Las Palmas reafirma su compromiso: ser el apoyo logístico robusto y eficaz que garantice que España siga navegando con seguridad en el Atlántico.










