
Hasta hace pocas fechas uña y carne al calor de la eólica offshore, ahora mutismo. En el mundo de los negocios, a veces el silencio es una estrategia de inversión; en la política canaria, suele ser una señal de prudencia ante el poder. El presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, ha vuelto a agitar la bandera del equilibrio territorial al denunciar que Proexca —el brazo ejecutor de la internacionalización y captación de capital extranjero— se ha convertido en una suerte de feudo exclusivo de Tenerife. Sin embargo, en las sedes de la Cámara de Comercio de Las Palmas y de la Confederación Canaria de Empresarios (CCE), los teléfonos parecen estar en modo avión.
Morales no se ha andado con sutilezas. Con los datos sobre la mesa, ha señalado un «póker» de cargos: presidente, vicepresidente, consejero delegado y director general, todos con origen en la isla de enfrente. A esto se suma la creación de la Oficina de Proyectos Estratégicos, cuyos siete nuevos puestos de trabajo tienen código postal de Santa Cruz de Tenerife. Para el Cabildo, no es solo una cuestión de estética institucional, sino de eficiencia económica: un inversor extranjero que aterriza en Gran Canaria no debería tener que cruzar el brazo de mar para encontrar interlocución presencial con la agencia pública que debe tutelar su implantación.
Lo llamativo de esta ofensiva es la soledad institucional de Morales frente a los entes que, en teoría, deberían ser los primeros interesados en la descentralización de los recursos. La Cámara de Comercio de Gran Canaria, que según el Cabildo llegó a votar en contra de este proceso selectivo centralizado en el seno del consejo de Proexca, ha evitado llevar esa discrepancia al ámbito público. El silencio de la Cámara y de la CCE sugiere un cálculo de riesgos: denunciar el «desequilibrio» de Clavijo implica señalar directamente la estructura de mando de la Presidencia del Gobierno.
En los círculos económicos se interpreta este mutismo como una «paz orgánica». Las patronales dependen de la fluidez de sus relaciones con el Ejecutivo regional para la gestión de fondos, subvenciones y programas de fomento. Romper filas con Morales, aunque sus argumentos sobre la ineficiencia de una oficina centralizada en una sola isla sean difíciles de rebatir desde la lógica de mercado, supondría abrir un frente de batalla que muchos empresarios locales prefieren evitar mientras el ciclo económico mantenga cierta inercia.
Morales insiste en que esta centralización proyecta una imagen negativa hacia el exterior. «Se transmite que el apoyo a la inversión se monopoliza en Tenerife», advirtió. Mientras el Cabildo eleva este viernes una moción al pleno para exigir la reubicación de plazas y un enfoque «archipielágico» real, la patronal observa desde la barrera. El silencio de la Cámara y la CCE es, en sí mismo, un mensaje. Es la constatación de que, en la Canarias de 2026, la lucha por el equilibrio territorial sigue siendo una batalla que los políticos libran en el muelle, mientras el capital prefiere esperar en la terminal, evitando ruidos que puedan asustar a una inversión extranjera que, irónicamente, es la que Proexca debería estar repartiendo con equidad.










