
En un momento en que la seguridad del suministro energético y la resiliencia de las rutas marítimas son prioridades absolutas en la agenda de Bruselas, el Puerto de Las Palmas ha dado un golpe de autoridad en el Atlántico Medio. La inauguración este viernes de la prolongación del Muelle de la Esfinge (Nelson Mandela) marca el fin de una era de expansión y el inicio de una nueva etapa de competitividad para el que ya es el principal nodo de servicios de la región.
La obra, una mole de ingeniería que añade 238,50 metros a la línea de atraque con un calado de -25 metros, ha sido diseñada con un propósito claro: permitir la operativa de los VLCC (Very Large Crude Carriers). Con esta infraestructura, Las Palmas deja de ser solo una escala técnica para convertirse en un puerto capaz de gestionar los gigantes del transporte de petróleo a escala global, reforzando su papel como «gasolinera del Atlántico» y nodo estratégico de la Red Transeuropea de Transporte (RTE-T).
El respaldo de Bruselas y la soberanía logística
La relevancia de esta inauguración ha quedado patente con la presencia de la plana mayor de la política portuaria y autonómica, encabezada por Beatriz Calzada, presidenta de la Autoridad Portuaria; Gustavo Santana, presidente de Puertos del Estado; y el consejero de Obras Públicas del Gobierno de Canarias, Pablo Rodríguez.
«A partir de ahora, podremos atender buques petrolíferos de gran porte, lo que potenciará los tráficos y reforzará nuestro posicionamiento como hub», destacó Calzada. Pero más allá de las cifras de tráfico, el mensaje subyacente es político. El proyecto ha contado con el respaldo financiero del Mecanismo Conectar Europa (CEF II), gestionado directamente por la agencia CINEA de la Comisión Europea. Para Bruselas, invertir en Las Palmas es invertir en la autonomía logística de la Unión frente a la inestabilidad de otras rutas internacionales.
Innovación y economía circular bajo el mar
Desde el punto de vista técnico, la obra —presupuestada en más de 25,3 millones de euros— ha sido calificada como «pionera» por Antonia Bordón, jefa de Gestión Técnica del Territorio. El puerto ha reutilizado tres cajones de hormigón del antiguo martillo del dique, reflotándolos y fondeándolos en su nueva ubicación junto a cuatro cajones de nueva construcción.
Este enfoque de economía circular, inédito en la infraestructura pesada del puerto, no solo reduce el impacto ambiental, sino que demuestra una eficiencia técnica que la Comisión Europea valora positivamente en sus criterios de financiación. La solución no solo mejora la capacidad, sino que resuelve los problemas de agitación interior en la Dársena de África, garantizando una «defensa silenciosa» y segura para las operadoras de graneles líquidos que ya trabajan en la zona.
El puerto como activo geopolítico
Con el cierre de esta cuarta fase, Las Palmas se posiciona no solo frente a sus competidores regionales en África Occidental, sino como un aliado indispensable para la seguridad energética europea. En un contexto de sanciones internacionales y reconfiguración de las rutas del crudo, tener un puerto con capacidad VLCC y estándares de seguridad europeos a las puertas del continente es un activo geopolítico que trasciende las fronteras de Canarias.
El Puerto de Las Palmas reafirma así su compromiso con una planificación alineada con los objetivos de conectividad de la UE, consolidándose como una infraestructura resiliente, eficiente y, sobre todo, preparada para los desafíos de un mercado energético global en constante mutación.










