
En el complejo ajedrez geopolítico del Atlántico Medio, las Islas Canarias han dejado de ser un mero archipiélago turístico para consolidarse como la plataforma de proyección estratégica más avanzada de España y la OTAN. Durante la celebración de la Pascua Militar 2026, el teniente general Julio Salom, jefe del Mando de Canarias, ha oficializado una hoja de ruta de modernización que busca un objetivo claro: convertir las islas en un nodo de disuasión inexpugnable frente a la inestabilidad de la fachada occidental africana y el Sahel.
Halcón y Radares: El salto tecnológico hacia 2035
La modernización del brazo aéreo es el pilar central de esta nueva arquitectura de seguridad. El anuncio de la llegada de los Eurofighter del Plan Halcón y la renovación de los radares de última generación en Gran Canaria y Lanzarote responde a una necesidad crítica de vigilancia. En un 2025 donde los casi 2.000 aviadores destinados en las islas gestionaron cerca de un millón de trazas detectadas, el despliegue de tecnología de fabricación nacional asegura que España mantenga el control soberano sobre un área de seguridad superior al millón y medio de kilómetros cuadrados.
Esta inversión no es solo una mejora de inventario; es un mensaje de capacidad operativa en un contexto donde el Mando Aéreo de Canarias ha demostrado su polivalencia, desde el control permanente del espacio aéreo hasta su intervención en ejercicios de gran escala como el Ocean Sky 25. Para la estrategia del Mando de Canarias, el proyecto Ejército 2035 ya no es una aspiración de futuro, sino una realidad palpable en las bases del archipiélago.

La vocación africana y el descenso de la Ruta Atlántica
El discurso de Salom ha puesto cifras a un fenómeno de alta sensibilidad política: la inmigración irregular. A pesar de que la situación de los menores sigue siendo una herida abierta, los datos muestran un descenso superior al 60% en las llegadas a través de la ruta atlántica en comparación con el año anterior. Este éxito estadístico se atribuye directamente a la cooperación militar y civil con los países de salida, una labor de diplomacia de defensa que Salom ha definido como la «vocación africana» del Mando.
Las misiones de cooperación técnica en Senegal, Mauritania, Cabo Verde, Ghana y Benín han tejido una red de seguridad que va más allá de la vigilancia fronteriza. Al fortalecer las capacidades de estos Estados vecinos, España logra desplazar su frontera de seguridad cientos de kilómetros al sur. Esta labor se complementa con el despliegue de los Buques de Acción Marítima (BAM) en aguas del Estrecho y el Golfo de Guinea, garantizando que la mediana con Marruecos y las aguas internacionales permanezcan bajo una vigilancia disuasoria constante.
El factor humano y la herencia histórica
Más allá de los cazas y los radares, el Mando de Canarias ha querido subrayar que la tecnología es inerte sin el «sentido del deber» de sus tropas. El regreso de la Brigada Canarias XVI de su misión en el Líbano y el liderazgo del Mando en la misión de la OTAN en Irak consolidan a los soldados canarios como activos de élite en escenarios de alta volatilidad.
El 2026 se presenta no solo como un año de retos operativos, sino de reivindicación histórica. La conmemoración del 250 aniversario de la independencia de los Estados Unidos servirá para recordar la huella canaria en la creación del Batallón Fijo de Luisiana bajo el mando de los Gálvez. En este sentido, Canarias no solo se proyecta hacia el futuro como una base tecnológica avanzada, sino que se reafirma como un puente histórico cuya relevancia estratégica en el Atlántico es, hoy más que nunca, indiscutible.










