
Debe ser más importante estar pensando ya en el concierto de Navidad. Un dique flotante de dimensiones gigantescas, un barco tipo Panamax esperando ser elevado y el fantasma de una fuga de actividad industrial hacia Gran Canaria. Es lo que ha adelantado este jueves Atlántico Hoy sobre la Autoriddad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife y todo por cuatro metros de lámina de agua que puede solventarse con cualquier procedimiento abreviado urgente, como hace en Las Palmas la Autoridad Portuaria para no frenar inversiones.
La industria de la reparación naval en Tenerife vuelve a encender sus alarmas tras desvelar el diario Atlántico Hoy la parálisis operativa que sufre el Hidramar Ultra 22.000, la nueva infraestructura de Tenerife Shipyards llegada a la isla el pasado 21 de abril. La negativa o el retraso de la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife para autorizar un ajuste técnico de apenas cuatro metros en la lámina de agua concesionada mantiene el proyecto en punto muerto y pone en peligro una previsión de 700 empleos directos. 40 millones de euros de inversión fuera de cobertura.
La denuncia ha saltado a la luz pública a través de la representación laboral. Según ha detallado a Atlántico Hoy, Elena Ruiz, presidenta del sindicato Trabajadores por los Puertos de Tenerife (TPT), el origen del conflicto se sitúa en los denominados dolphins (delfines de amarra o estructuras auxiliares de fijación), instalados en el dique para permitir su anclaje al fondo. Esta instalación provisional genera un exceso de cuatro metros sobre la lámina de agua asignada originariamente en el puerto de la capital tinerfeña.
Tales estructuras se montaron con la vista puesta en el puerto de Granadilla, donde las fuertes ráfagas de viento exigen un sistema de sujeción rígido en lugar de un fondeo convencional. Sin embargo, ante el bloqueo burocrático de Granadilla —cuya licitación quedó desierta—, la compañía decidió trasladar el dique al puerto de Santa Cruz para arrancar su actividad. Al no obtener la autorización para ocupar esos cuatro metros adicionales, la instalación ha quedado inoperativa en ambos recintos.
La situación roza el límite técnico y comercial. El Hidramar Ultra 22.000 ya tiene asignado su primer gran encargo: el mercante Prestigious WD, atracado actualmente en el Dique Sur, donde se le efectúan trabajos menores a la espera de ser varado. Ante la falta de respuesta institucional, Tenerife Shipyards se ha visto abocada a tomar una decisión drástica: asumir un sobrecoste de 250.000 euros para mutilar y amputar los dolphins metálicos. Con ese recorte, la nave se amoldará de forma estricta a la superficie concedida y podrá dar servicio al buque.
Sin embargo, esta solución de emergencia acarrea consecuencias irreversibles para la conectividad portuaria de la isla. Desde el sindicato TPT advierten de que, una vez retirados los dolphins, será imposible volver a instalarlos. Esta mutilación anula definitivamente la opción de trasladar el dique a Granadilla en el futuro. Dado que la operatividad en el puerto de Santa Cruz tampoco resulta idónea a largo plazo para una infraestructura de esta envergadura, los trabajadores temen que el Hidramar Ultra 22.000 termine por abandonar Tenerife y sea trasladado a Gran Canaria.
Un desenlace de este calado supondría un durísimo revés para la economía tinerfeña y la diversificación de su sector industrial, al privar a la isla de una instalación con capacidad para levantar buques de hasta 22.000 toneladas de peso muerto y arrastrar consigo cientos de puestos de trabajo especializados. Mientras el conflicto escala, la Autoridad Portuaria mantiene un denso silencio sin dar explicaciones públicas sobre los motivos que impiden conceder la pequeña ampliación solicitada.










