
El Gobierno de Mohamed Ould Ghazouani ha consolidado en esta primera semana de abril de 2026 su papel como «estado bisagra» en el norte de África. La recepción del General Mohammed Berrid (Marruecos) para coordinar la vigilancia fronteriza contra el terrorismo del Sahel, ejecutada casi al mismo tiempo que la cumbre de alto nivel en Argel con el primer ministro Mokhtar Ould Djay, demuestra que Nouakchott prioriza la estabilidad técnica sobre la confrontación política.
La crónica de estos encuentros subraya un sutil pero significativo cambio en la escenografía de la presidencia mauritana. Aunque Nouakchott reconoce a la RASD desde 1984, las últimas recepciones a representantes del Polisario, como la de Hamma Salama el pasado febrero, han carecido de los honores habituales.
La ausencia de la bandera saharaui en las fotos oficiales y la exclusión de la RASD de los saludos protocolarios en festividades como el Aïd al-Fitr sugieren que Mauritania ha calibrado su comunicación para no incomodar a Marruecos. Esta «neutralidad vigilada» se produce tras varios incidentes de seguridad en los que el ejército mauritano tuvo que interceptar vehículos y cerrar zonas fronterizas para impedir incursiones armadas desde su territorio hacia el muro de defensa marroquí.
La sutileza diplomática mauritana ha llegado incluso al lenguaje visual: el mantenimiento de los contactos con el Frente Polisario se realiza ahora bajo un protocolo de «perfil bajo» (sin banderas oficiales), una maniobra calculada para fortalecer la confianza con Rabat sin romper con Argel. Esta estrategia busca blindar el corredor comercial atlántico y asegurar las inversiones en infraestructuras como el Puerto de la Amistad, esenciales para la economía nacional y la conectividad con el archipiélago canario.
En una demostración de equilibrismo diplomático, la República Islámica de Mauritania ha protagonizado esta semana una intensa actividad bilateral que subraya su posición estratégica en el Magreb. Entre el 6 y el 8 de abril de 2026, el presidente Mohamed Ould Ghazouani ha gestionado simultáneamente la visita del alto mando militar de Marruecos y una cumbre de cooperación de alto nivel con Argelia, reafirmando su política de «neutralidad positiva» en una región marcada por la inestabilidad del Sahel y la cuestión del Sahara Occidental.
La visita oficial del general de cuerpo de ejército Mohammed Berrid, inspector general de las Fuerzas Armadas Reales (FAR) y número dos del ejército marroquí, ha tenido como eje central la 6ª sesión de la comisión militar mixta. Durante 72 horas, las delegaciones de Rabat y Nouakchott han trabajado en la actualización de sus protocolos de vigilancia fronteriza para frenar la porosidad que aprovechan los grupos terroristas que operan en las cercanías de Mali.
El fortalecimiento de esta alianza estratégica con Marruecos incluye áreas críticas como la formación, la planificación operativa y la simulación en el Colegio de Defensa del G5 Sahel. Sin embargo, la seguridad no es el único factor: Mauritania busca con estos encuentros estabilizar una relación que suele verse tensada por la actividad del Frente Polisario en las zonas limítrofes, un punto de fricción que el presidente Ghazouani maneja ahora con una simbología mucho más medida.
Casi de forma milimétrica, mientras los uniformes marroquíes recorrían Nouakchott, una delegación mauritaniana liderada por el primer ministro, Mokhtar Ould Djay, era recibida en Argel por el presidente Abdelmadjid Tebboune. La 20ª Gran Comisión Mixta Argelo-Mauritana ha servido para estrechar lazos en materia de protección de información clasificada —tras los acuerdos firmados en 2025— y coordinar posturas sobre la crisis en el Sahel y el conflicto en Oriente Medio.
Para Argelia, Mauritania es un socio vital para contener la influencia marroquí en el flanco sur, mientras que para Nouakchott, el apoyo argelino es fundamental para equilibrar la balanza regional. Lo más notable de esta doble jornada diplomática ha sido el silencio sepulcral sobre el Sahara Occidental en los comunicados oficiales, una omisión deliberada que busca evitar crispaciones innecesarias en un momento de mediación internacional liderada por la ONU y Estados Unidos.
Mauritania se consolida como el único interlocutor capaz de sentar en mesas paralelas a los dos rivales del Magreb. En 2026, la estabilidad de Nouakchott no depende de elegir un bando, sino de convertir su frontera en un espacio de cooperación técnica que aísle el conflicto político de las necesidades urgentes de seguridad antiterrorista.










