
El Puerto Autónomo de Nuakchot, pieza clave en el engranaje económico del África occidental y principal destino de exportaciones energéticas de Canarias, se prepara para una nueva fase de expansión. El embajador de la República Popular China en Mauritania, Tang Zongdong, ha mantenido este abril un encuentro de alto nivel con el director general de la institución portuaria, Lemrabott Benahi, con el objetivo de sellar el compromiso para la rehabilitación de infraestructuras críticas en el emblemático «Puerto de la Amistad».
El eje central de estas conversaciones técnicas ha sido el ambicioso proyecto de rehabilitación del antiguo muelle. Esta actuación no es solo una mejora estética, sino una necesidad operativa urgente para aumentar la eficiencia en la carga y descarga de mercancías y mejorar la capacidad de recepción de buques de mayor calado. Con esta modernización, Nuakchot busca posicionarse como un hub logístico más competitivo, capaz de soportar el creciente volumen de la actividad económica regional.
La administración portuaria ha calificado el encuentro como un paso decisivo hacia una asociación portuaria integral. Más allá de la rehabilitación inmediata, ambas partes han analizado perspectivas de cooperación a largo plazo que incluyen la digitalización de procesos y la posible ampliación de las zonas de servicios. China, que ha sido un socio histórico en la construcción y mantenimiento de este enclave, reafirma así su interés en asegurar la fluidez de las rutas comerciales atlánticas a través de Mauritania.
Este fortalecimiento de la cooperación bilateral se basa en un modelo de intereses comunes, donde la inversión en ingeniería china se traduce en una mejora directa de la balanza comercial mauritana. La importancia de la estabilidad y la eficiencia operativa en Nuakchot es vital, no solo para el suministro interno del país, sino para la conectividad de los países vecinos sin salida al mar, que dependen de este muelle para sus importaciones esenciales. La rehabilitación del Puerto de la Amistad por parte de China consolida la presencia del país asiático en la fachada atlántica sahariana, un movimiento que complementa sus recientes inversiones en infraestructuras similares en otros puntos estratégicos de la costa oeste africana.










