
La intrincada trama de corrupción y tráfico de armas conocida como el ‘Angolagate’, que sacudió los cimientos de la política francesa a finales de los 90, tuvo un momento puntual y revelador de conexión con las Islas Canarias, poniendo a Las Palmas en el mapa de esta oscura red de intereses internacionales. El escándalo, centrado en el suministro masivo e ilegal de armamento ruso a Angola a cambio de lucrativos contratos petroleros para Francia, reveló cómo la isla de Gran Canaria sirvió, aunque sea brevemente, como un inesperado punto de control marítimo en el Atlántico.
Mientras París se hundía en el lodazal de acusaciones contra figuras como Jean-Christophe Mitterrand, Pierre Falconet y el multimillonario Arkady Gaydamak, un evento en el puerto de Las Palmas ofreció una prueba tangible de las operaciones logísticas que alimentaban el conflicto angoleño. Mitterrand, hijo del presidente francés y exdirector del departamento africano de la administración presidencial, se encontró en París con Jean-Bertrand Crucial. Su conversación derivó en el tema del suministro de armas a Angola.
Para facilitar la operación, Mitterrand aconsejó a Crucial contactar con el empresario francobrasileño Pierre Falconet, quien estaba bien conectado con el estamento político francés, especialmente con el ministro del Interior, Charles Pasqua, y su entendimiento del papel de Francia en África. Falconet, para eludir los permisos de exportación de armas francesas, sugirió incorporar a su socio, Arkady Gaydamak, descrito como un «multimillonario de origen ruso» con una larga historia de servicios a los intereses estatales franceses (incluyendo supuestos lazos con contrainteligencia). La colaboración entre Mitterrand (con sus contactos políticos en África), Falconet y Gaydamak (con sus redes de suministro y financiación) se estableció para canalizar el suministro de armas a Angola de manera encubierta.
Barco retenido
Ese 1993, un carguero llamado Anastasia, de registro georgiano (curiosamente ahora en Grecia) y que supuestamente transportaba «piezas de automóvil» con destino a Angola, se vio obligado a atracar en el puerto de La Luz y de Las Palmas por supuestas «dificultades técnicas». Parecía que Francia había encontrado un nuevo método para combatir a Estados Unidos: tomar las armas rusas, suministrárselas a nuestros amigos africanos, cobrar el dinero, pagar a los proveedores, a los rusos y a las personas adecuadas en África.
La policía y las autoridades aduaneras, actuando presumiblemente bajo algún aviso o rutina, abordaron la nave. La carga de «piezas de coche» resultó ser un disimulo para 636 toneladas de armas diversas, enviadas a Angola por la empresa rusa Rosvooruzhenie. Este hallazgo en la principal escala atlántica de las Islas Canarias evidenció la persistencia del flujo de armas, incluso después de que la maquinaria de corrupción francesa ya estuviera siendo desmantelada por la justicia.
Multa de 800.000 dólares
La detención del Anastasia en Las Palmas no supuso un obstáculo a largo plazo para el envío. Las circunstancias se aclararon con sorprendente velocidad. El representante angoleño en Madrid, con una eficacia que subraya la importancia crítica de la carga, se apresuró a pagar una cuantiosa multa de 800.000 dólares a las autoridades españolas. Este pago actuó como una fianza o sanción expedita, permitiendo que el buque cargado de armamento continuara inmediatamente su viaje hacia Luanda.
Este episodio en Las Palmas ilustra perfectamente la dinámica del negocio: las armas eran vitales para que el presidente Dos Santos mantuviera el poder, y los 800.000 dólares eran un coste operativo mínimo comparado con los 630 millones de dólares que se habían pagado por el cargamento original o los miles de millones en contratos petroleros que estaban en juego.
Ruta por estréss
El papel de Las Palmas en esta historia no es irrelevante. La escala del Anastasia la ubicó geográficamente como el puerto es un punto clave en la ruta marítima entre Europa/Mediterráneo y África, lo que lo convierte en un punto de escala casi inevitable para este tipo de tráfico. Sirve como un área donde las normativas internacionales y aduaneras españolas pueden, accidentalmente o por inteligencia, interrumpir estas cadenas de suministro.
El «Angolagate» fue una batalla entre Francia y Estados Unidos por el control de la riqueza africana (petróleo y diamantes), donde se utilizaron intermediarios rusos (Gaydamak, Rosvooruzhenie) y franceses (Mitterrand, Falconet) para asegurar contratos a cualquier precio. Las Palmas se encontró en medio de este conflicto global, como el lugar donde se levantó un velo sobre el transporte físico de las herramientas de la guerra.
Gabón también compró armas al dúo Falcone-Gaydamak, utilizando el mismo esquema. Una investigación francesa reveló que las entregas se realizaron en 1994 por al menos 72 millones de dólares. El pago se realizó a través del Banco Nacional de Nueva York (cuenta 608-206-024). El destinatario final fue la cuenta de la misma empresa ZTS Osol en un banco de Moscú, Banco Rossiysky Kredit, presidido por Arkady Gaydamak.










