
Marruecos ha redefinido este marzo de 2026 la arquitectura del sector pesquero en el Atlántico Medio. Rabat ha formalizado la fragmentación de sus caladeros mediante una estricta zonificación espacial. La medida, articulada a través de dos decretos de la Secretaría de Estado de Pesca, busca blindar la sostenibilidad de sus recursos bajo el paraguas de la Estrategia Halieutis, pero su onda expansiva llega hasta las Islas Canarias, donde la industria observa con recelo el aumento del control soberano sobre unas aguas históricamente compartidas. De otro, Africa Intelligece informó este jueves que Rabat ha pactado con EE.UU un bloque de empresas de EE.UU que podrán operar en el Sáhara Occidental una vez imponga su plan de autonomía al Polisario y Argelia.
El tablero geopolítico del Atlántico Medio vuelve a moverse. Marruecos ha dado un nuevo paso en su estrategia sobre las aguas próximas al archipiélago canario, reactivando un debate que lleva años latente: la delimitación de la frontera marítima entre Rabat y España en un espacio de enorme valor estratégico y energético. La maniobra llega en un contexto diplomático especialmente delicado tras el reciente choque político entre el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el presidente estadounidense, Donald Trump, por los ataques a Irán. Aunque el conflicto se enmarca en una agenda internacional más amplia, sus efectos colaterales han vuelto a situar a Canarias en el centro de la geopolítica atlántica.
En los últimos años, Marruecos ha impulsado varias iniciativas legislativas y administrativas destinadas a consolidar su control sobre espacios marítimos que se solapan con las zonas económicas exclusivas de España. El punto más sensible se encuentra en las aguas próximas al archipiélago canario y a los territorios del Sáhara Occidental, una región cuya soberanía sigue siendo objeto de disputa internacional.
La nueva normativa impone una «camisa de fuerza» geográfica a las flotas de arrastre y palangre. A partir de la temporada 2026, los arrastreros costeros quedarán confinados en una de las cinco unidades de gestión definidas, con la obligación de descargar exclusivamente en los puertos asignados a su zona. Para el palangre, Rabat ha reajustado sus tres zonas operativas, vinculando la actividad directamente a la capacidad de infraestructuras portuarias específicas. Es, en esencia, el fin de la itinerancia para la flota que opera frente a las costas del Sáhara Occidental.
El factor canario: Competencia y suministros
Para el sector pesquero en Canarias, este movimiento no es una cuestión meramente administrativa de un país vecino. La división en unidades de gestión sugiere una monitorización mucho más agresiva de las capturas en zonas que lindan con la Zona Económica Exclusiva (ZEE) española. Al obligar a las flotas a descargar en puertos marroquíes designados, Rabat no solo busca la «explotación sostenible», sino consolidar sus polos logísticos frente a la histórica hegemonía del Puerto de la Luz en Las Palmas como centro de transbordo y reparaciones.
Los analistas en las islas advierten que este modelo de «gestión de proximidad» podría ser el preludio de nuevas exigencias para las empresas conjuntas y los buques con capital canario que operan en la región. La rigidez de las nuevas licencias, que especificarán la unidad de gestión de forma inamovible, reduce la flexibilidad operativa de una flota que hasta ahora navegaba en un marco mucho más laxo.
Rabat defiende que estas decisiones, tomadas tras consultas con los profesionales del sector, son la ‘primera fase’ de un proceso gradual de reorganización. Sin embargo, bajo el léxico de la conservación marina subyace una clara intención de ordenación territorial. Al compartimentar el mar, Marruecos oficialmente dice que facilita la vigilancia contra la sobrepesca, pero también establece un precedente de control sobre el flujo de mercancías pesqueras hacia el mercado europeo, del cual Canarias es la principal puerta de entrada.
Mientras la Secretaría de Estado marroquí prepara «medidas complementarias» para las siguientes etapas, los armadores canarios y las autoridades regionales se enfrentan a un tablero cada vez más segmentado. La pesca en el banco canario-sahariano ha dejado de ser una cuestión de redes y caladeros para convertirse en un ejercicio de alta precisión cartográfica y cumplimiento burocrático bajo la atenta mirada de Rabat.










