
El ecosistema de seguridad marítima en el eje que conecta el Golfo de Guinea con las Islas Canarias ha entrado en una fase de alerta roja durante el primer bimestre de 2026. Según los datos consolidados de los informes de Priavo Security de este martes, la región no solo enfrenta una crisis migratoria sin precedentes, sino que ha sido testigo de ataques directos contra activos de alto valor estratégico. El foco de la preocupación internacional se centra en dos incidentes que definen la actual amenaza: el intento de intrusión en una unidad flotante de producción, almacenamiento y descarga de ENI, la FPSO Armada Olombendo, en aguas de Angola, y el violento secuestro de la tripulación del buque pesquero IB FISH 7 en Gabón. Estos eventos, sumados a una actividad migratoria que ha desactivado a 2.181 personas en la ruta hacia Canarias y costas africanas, dibujan un escenario de riesgo extremo para los operadores logísticos y energéticos.
El ataque como el de Armada Olombendo sugiere que las bandas criminales están probando las defensas de la industria del crudo, lo que podría derivar en intentos de secuestro de personal especializado o sabotajes de mayor calado si no se refuerzan los protocolos de seguridad periférica.
Cabinda
El incidente en el FPSO Armada Olombendo, a unas 50 millas náuticas al oeste de Cabinda, subraya la audacia de los grupos criminales locales. El 5 de febrero de 2026, un intruso perteneciente a un grupo de cinco individuos a bordo de una embarcación de madera de 8 metros intentó abordar la plataforma trepando por una de las cadenas de amarre. Aunque el atacante no portaba armas visibles y huyó tras ser detectado, el evento resalta la vulnerabilidad de estas infraestructuras petroleras críticas frente a incursiones oportunistas. Este patrón de «abordaje por cadena» se repitió en otros puntos del Golfo de Guinea: el 20 de enero, en el buque Lake Ontario anclado en Luanda, un intruso armado con un cuchillo logró acceder a la cubierta de proa, mientras que en Takoradi (Ghana), el 7 de enero, un buque cisterna sufrió daños en el protector del tubo de escobén y el robo de equipos tras una intrusión similar por la cadena del ancla.
La escalada de violencia alcanzó su punto álgido con el secuestro del IB FISH 7, un buque con bandera de Gabón (anteriormente conocido como FV Lian Peng Yu 828). El 11 de enero de 2026, mientras operaba a 7 millas náuticas de Ekwata, piratas armados abordaron la embarcación y secuestraron a 9 tripulantes, de los cuales cinco son de nacionalidad china y cuatro indonesios. La sofisticación de los captores quedó patente en el seguimiento de sus comunicaciones, que revelaron una red de apoyo logístico para repostar combustible cerca de Kribi (Camerún) antes de trasladar a los rehenes hacia territorio nigeriano. Este ataque no fue un hecho aislado; el mismo día, un barco de pasajeros fue asaltado por dos lanchas rápidas en la ruta de Nigeria a Camerún, resultando en un enfrentamiento armado con tropas camerunesas que lograron rescatar a 18 pasajeros tras el vuelco de una de las embarcaciones piratas.
El balance de robos y sabotajes en la región durante enero y febrero se completa con ataques masivos a la flota artesanal y logística. El 26 de febrero, siete barcos pesqueros frente a la costa de Ghana fueron tiroteados por hombres en una «embarcación negra» que sustrajeron motores fueraborda y generadores, dejando a 71 pescadores a la deriva. Previamente, en Abiyán, el buque de suministro Blue Mommy reportó el robo de materiales tras un abordaje el 6 de enero. Estos incidentes alimentan una estadística de inseguridad que se entrelaza con la crisis humanitaria en el norte. En el acumulado del bimestre, la vigilancia marítima ha tenido que gestionar la interceptación de 2.181 migrantes. De estos, 1.210 fueron rescatados o interceptados en aguas canarias (incluyendo casos dramáticos como los 143 migrantes, con 72 menores, en La Gomera, o los 144 en El Hierro), mientras que los 971 restantes fueron detectados en operaciones en Gambia, Senegal y el Sáhara Occidental, contabilizándose lamentablemente 33 fallecimientos confirmados en este periodo.
Los datos de Priavo Security para el inicio de 2026 confirman que la seguridad en el Atlántico no puede analizarse de forma fragmentada. La debilidad en el control de fondeaderos en Luanda o Abiyán y la impunidad de los ataques armados en Gabón y Ghana guardan una relación directa con la inestabilidad que empuja los flujos migratorios hacia el archipiélago canario. La capacidad operativa de las marinas locales está siendo puesta a prueba por una delincuencia que, como en el caso del IB FISH 7, posee capacidad de coordinación transfronteriza, y una presión migratoria que, solo en enero, movilizó a grupos de hasta 782 personas interceptadas en una sola operación en Gambia, representando a nacionalidades tan diversas como Mali, Guinea-Conakry, Senegal y Burkina Faso.










