
Esto es más grave de lo que parece porque un problema de previsión de continuidad de suministro de energía por malas mareas en Las Palmas puede provocar desórdenes públicos en un país donde hay unas tensiones raciales duras producto de los controles migratorios.
Y es que lo que comenzó como una interrupción logística en los depósitos de Oryx Energies en el Puerto de La Luz y de Las Palmas ha terminado por mutar en una crisis de desabastecimiento con tintes de economía de guerra al otro lado del Atlántico. Nuakchot, la capital mauritana, presenta estos días una estampa más propia de La Habana que de una potencia gasística emergente: colas kilométricas, estaciones de servicio precintadas y un mercado de hidrocarburos operando al borde del colapso técnico. La empresa radicada en Suiza, que dispondría de naviera propia, que goza de un régimen especial en las islas y que construyó su negocio, en parte, con fondos europeos recibe este golpe reputacional a pocos meses de sacar el concurso de abastecimiento del país.
La génesis de esta crisis se encuentra en la extrema vulnerabilidad de la cadena de suministro que une a Canarias con el continente africano. A finales de enero, un temporal de mar embravecido bloqueó las operaciones del petrolero fletado por Oryx Energies, el proveedor que ostenta el contrato exclusivo de suministro en Mauritania hasta diciembre de 2026 vía Addax. Al fallar el flujo desde los centros de almacenamiento en Las Palmas el sistema mauritano, que apenas cuenta con reservas de seguridad para 30 días de consumo nacional, entró en barrena. Otras fuentes consultadas señalan que Mauritania cuenta con un margen de emergencia de 3 días, cosa que podría ser lógica a la vista de lo ocurrido.
La respuesta de emergencia del Ministerio de Petróleo y Energía ha dejado al descubierto las costuras del modelo. El Hadramy Mohamed MBareck, director de Abastecimiento, ha tenido que autorizar el uso de las reservas estratégicas de seguridad y coordinar el transporte urgente de combustible por carretera desde depósitos en Senegal. Esta maniobra, aunque ha aliviado la tensión en puntos críticos, no oculta el problema estructural: cualquier estornudo logístico en el Puerto de Las Palmas se traduce en una neumonía económica para un país que, a pesar de sus vastos recursos naturales, sigue siendo rehén de una logística de «justo a tiempo» dictada desde el archipiélago canario porque es el único espacio donde se opera con garantías jurídicas de la UE y es Eurozona.
La paradoja es puramente económica. El pasado 2 de febrero de 2026, el Gobierno de Mauritania activó un mecanismo regulatorio para trasladar la caída de los precios internacionales del crudo al consumidor. El resultado fue una rebaja de la gasolina, que pasó a costar 1,25 euros por litro (53,8 oquiyas), y del diésel, situado en 1,13 euros por litro (48,79 oquiyas). Sin embargo, la deflación ha resultado ser un espejismo: los ciudadanos se encuentran con precios sobre el papel en productos que, sencillamente, no están disponibles en los surtidores.
El caso mauritano es una advertencia sobre la fragilidad de los márgenes atlánticos. Mientras los operadores celebran la eficiencia de los hubs canarios, la realidad sobre el terreno muestra que la falta de infraestructuras de almacenamiento propias en África Occidental convierte las fluctuaciones meteorológicas en desastres económicos.










