
En un recinto lleno de medianeros pensar que en Las Palmas va a pasar algo parecido a lo de 1972. Aquí no hay la audacia de armadores como el griego George Prokopiou, siempre unos linces estos griegos, que cruza Ormuz de noche y sin AIS bajo primas de riesgo de guerra negociadas ad hoc, es la excepción en un mercado que, por consenso, prefiere la seguridad —aunque costosa— de la ruta atlántica.
El recrudecimiento del conflicto en el Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del crudo mundial, ha desencadenado una reconfiguración tectónica de las rutas comerciales que sitúa a las Islas Canarias en una posición estratégica inédita. Mientras los armadores descuentan la inviabilidad de las escoltas prometidas por la administración Trump ante la eficacia de los drones iraníes, el sector naviero ha iniciado un desvío masivo hacia el Cabo de Buena Esperanza. Esta decisión, que añade entre 10 y 14 días a las travesías entre Asia y Europa, convierte al eje atlántico en la arteria principal del comercio global, con el Puerto de Las Palmas emergiendo como el nodo de avituallamiento indispensable antes del salto hacia el Estrecho de Gibraltar.
La magnitud de este giro logístico se refleja en la saturación de los centros de transbordo y búnker. Aunque el puerto marroquí de Tanger Med —que manejó 11 millones de contenedores en 2025 (un 8,4% más)— se consolida como el gran hub de distribución para el Mediterráneo y West Africa, su capacidad se ve limitada por la presión de las cadenas de suministro de proximidad (Renault y Stellantis). En este escenario, Canarias recupera su valor histórico como plataforma de servicios técnicos y suministro de combustible. El incremento de la navegación por el corredor atlántico coloca a los puertos canarios en la trayectoria directa de los buques que, tras circunnavegar África, requieren reponer inventarios de VLSFO y LSMGO antes de integrarse en la red de distribución europea.
Sin embargo, esta oportunidad de mercado convive con una volatilidad extrema en los costes. Si el bloqueo de Ormuz se prolonga más allá de la fase de perturbación de días, los analistas consultados por Bloomberg o Reuters prevén que el Brent, actualmente en los 80 dólares, escale rápidamente a los 100 dólares, pudiendo alcanzar los 120 dólares si el conflicto se cronifica. Para los puertos canarios, esto supone gestionar una demanda de búnker al alza en un entorno de precios de reposición inciertos.
La posición de Las Palmas es, por tanto, de una vulnerabilidad estratégica y, a la vez, de una relevancia crítica. La saturación de los 60.000 tránsitos anuales por Gibraltar y la creciente demanda de servicios de reparación y avituallamiento en el Atlántico medio exigen que las infraestructuras canarias operen a su máxima capacidad. El éxito de la cadena de suministro global depende hoy de la eficiencia de estos nodos intermedios que, ante el colapso de los pasos tradicionales del Mar Rojo y el Golfo Pérsico, se han convertido en los únicos garantes del flujo de energía y bienes hacia el mercado europeo.










