
La escalada bélica en Oriente Medio ha situado al transporte marítimo mundial en un escenario de vulnerabilidad sin precedentes, donde la seguridad de las rutas comerciales fundamentales pende de un hilo. Panos Laskaridis, director ejecutivo de Laskaridis Shipping y figura de referencia en la industria naval como propietario de Astican en Canarias, ha manifestado en una entrevista para Business Daily el pasado fin de semana que la situación en el estrecho de Ormuz empeora de forma alarmante. Al tiempo, el pasado fin de semana en Canarias 7, el administrador único de Astican, Germán Carlos Suárez, hizo suyo el discurso de Pedro Sánchez lamentando la crispación en la vida política española. Hace unas semanas en la cadena Ser pidió a los nacionalistas canarios que se unan para disponer en Madrid de grupo parlamentario propio.
Según el armador y contralmirante retirado de la Armada Helénica, con intereses históricos en Las Palmas desde que el Estado privatizase Astican, la complejidad técnica y militar del conflicto impide realizar proyecciones fiables, sentenciando que «nadie puede predecir con exactitud las repercusiones» de esta nueva crisis que pone a prueba los límites de la economía global.
El bloqueo de facto en el estrecho de Ormuz ha segmentado el riesgo para la flota internacional, afectando de manera crítica a los buques cisterna que se encuentran atrapados en la zona de conflicto. Laskaridis señala que la seguridad de las tripulaciones es hoy la prioridad absoluta, advirtiendo que «existe un riesgo para las tripulaciones, especialmente en el caso de buques de cierta propiedad y bandera». Esta parálisis logística, sumada a la deslocalización de rutas hacia el Atlántico, está reconfigurando las esferas de influencia estratégica, ya que, según apunta el empresario, la actual coyuntura «supondrá una crisis general en toda la región y reajustes más amplios en el desarrollo político y militar-estratégico general».
A pesar del pesimismo que rodea la evolución del enfrentamiento, Laskaridis sostiene que la economía internacional presenta una resiliencia superior a la demostrada durante la crisis del petróleo de 1973. En su análisis, el armador considera que el mundo está «mucho mejor preparado por muchas razones, como el desarrollo de fuentes de energía renovables o las enormes exportaciones de Estados Unidos». No obstante, reconoce que la estabilidad de los mercados a largo plazo es una incógnita que «depende de los daños y la destrucción que puedan haber ocurrido en las instalaciones y refinerías de los estados del Golfo», infraestructuras que resultan vitales para el equilibrio de precios en el archipiélago canario.
Para el sector naviero, el futuro inmediato depende de la capacidad de la economía global para absorber este choque geopolítico sin precedentes en la década. Laskaridis insiste en que, aunque el escenario es sombrío, «es imposible predecir nada en este momento» debido a que la situación fluctúa con extrema rapidez. La industria se ve obligada a operar en un entorno de incertidumbre donde la única certeza es que el mapa del transporte marítimo está siendo redibujado. Como concluye el propio Laskaridis sobre el mercado del crudo, «todavía es demasiado pronto para tener una idea completa de cómo evolucionará el mercado en un futuro próximo».










