
El Puerto de La Luz y de Las Palmas está a punto de dar un salto operativo crítico, pero también de abrir una brecha de seguridad que tiene en jaque al Congreso de los Estados Unidos. En febrero, la terminal de OPCSA (propiedad de MSC y Blackrock) recibirá dos nuevas grúas tipo Malaccamax, piezas de ingeniería colosales capaces de mover 24.000 TEUs, adquiridas por 22,5 millones de euros. Sin embargo, estas grúas no son solo maquinaria: son nodos de red fabricados por ZPMC (Shanghai Zhenhua Heavy Industry), la empresa que el Capitolio estadounidense acaba de señalar como una herramienta de espionaje del Partido Comunista Chino (PCC).
El informe que hace temblar a los puertos
Una investigación concluida a finales de 2025, liderada por el Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes de EE. UU., ha concluido que las grúas de ZPMC —que dominan casi el 100% del mercado canario y tienen una presencia masiva en Las Palmas— contienen tecnología diseñada para el acceso encubierto.
El hallazgo más alarmante es la presencia de módems celulares instalados sin el conocimiento de las autoridades portuarias. Estos dispositivos, según el informe, permiten a Pekín saltarse los cortafuegos locales y acceder de forma remota a los sistemas operativos de las grúas. Bajo las leyes de seguridad nacional de China, ZPMC está obligada a cooperar con la inteligencia estatal, lo que convierte a cada grúa en un potencial interruptor capaz de paralizar la logística de un puerto a miles de kilómetros de distancia.
Las Palmas: Eficiencia operativa vs. soberanía digital
En Las Palmas, el discurso oficial se centra en la competitividad. Javier Zurita, director de Proyectos de OPCSA, ha destacado que estas adquisiciones suponen un «avance sustancial». Y es cierto: para una terminal de transbordo, las Malaccamax son la diferencia entre liderar el Atlántico Medio o quedar obsoletos.
Pero el riesgo identificado por el Congreso de EE. UU. es transversal. Aunque proveedores como la suiza ABB suministran parte del software, la investigación estadounidense descubrió que los componentes críticos son enviados a China para su ensamblaje final hasta 18 meses antes de la entrega. Durante ese periodo, la «integridad de la cadena de suministro» se rompe, permitiendo la infiltración de hardware no declarado.
Mientras en Canarias se celebra la llegada del buque con las nuevas grúas, la administración de EE.UU ha tomado el camino opuesto. Washington ha anunciado una inversión de 20.000 millones de dólares para sustituir las grúas chinas por fabricación nacional y ha impuesto aranceles del 25%. ZPMC, por su parte, ha optado por el silencio administrativo, alegando que no puede responder a los interrogatorios del Congreso estadounidense sin la autorización previa del Gobierno chino, una confirmación implícita de quién ostenta el control final sobre la empresa.
El Puerto de Las Palmas se enfrenta ahora a un dilema silencioso: el mismo «precio bajo» y «garantía sólida» que menciona el informe estadounidense como cebo de ZPMC es el que ha traído estas grúas a la costa canaria. En un escenario de creciente tensión geopolítica, la pregunta ya no es cuántos movimientos por hora harán las nuevas grúas de OPCSA, sino quién tiene el código para detenerlas.
Noticia escrita por Gara Vega H. Editado y verificado por José L. Jiménez. Información cruzada sin filtros institucionales. Este análisis no ha sido financiado por publicidad oficial ni condicionado por intereses de lobby.










