
La fachada marítima de Las Palmas de Gran Canaria se ha consolidado como el epicentro de una confrontación logística de alta intensidad por el control de la automoción en el archipiélago. Las estadísticas oficiales del tráfico portuario reflejan el volumen de esta actividad estratégica: en el acumulado anual hasta mayo de 2026, el Puerto de Las Palmas registra un movimiento de 75.827 automóviles en régimen de mercancía —un descenso interanual del 6,0% respecto a los 80.698 vehículos del mismo periodo de 2025—, mientras que en el mes de mayo alcanzó las 24.010 unidades frente a las 23.341 del ejercicio anterior. En stark contraste, el puerto de Santa Cruz de Tenerife se mantiene en unas discretas 36.077 unidades acumuladas, evidenciando que la pugna por la hegemonía logística del motor se concentra de manera casi monopólica en los muelles grancanarios. Sobre este tablero insular se libra una batalla empresarial sin cuartel entre Domingo Alonso Group –la compañía fue objeto de una traición capital que la ha convertido en vulnerable– y la alianza estratégica articulada por Boluda y Car Canarias.
Si cruzamos los datos oficiales, hay una sentencia: Domingo Alonso, a pesar del descenso de importación, está por encima del lobby formado por Boluda y Car Canarias.
El antagonismo responde a modelos de inversión diametralmente opuestos para dominar la cadena de suministro de vehículos. Por un lado, Domingo Alonso desplegó una infraestructura colosal con su silo inteligente en el muelle de La Esfinge, una autoterminal de seis plantas y 90.000 metros cuadrados que requirió una inversión de 26 millones de euros. Esta instalación, diseñada para albergar 6.000 vehículos, centraliza talleres de inspección previa, chapa, pintura y sistemas automatizados de repostaje, permitiendo a la compañía prescindir de operadores externos y optimizar la distribución directa a los concesionarios con un ahorro estimado de hasta 600.000 euros anuales en costes logísticos.
En la acera de enfrente, la respuesta ‘competitiva’ ha venido de la mano de la integración corporativa. Boluda Corporación Marítima, aprovechando su exclusividad en la estiba de vehículos junto a Suardiaz en el Puerto de Las Palmas, cedió 18.000 metros cuadrados de su terminal para dar cobijo a Car Canarias. Esta alianza conjunta agrupa a tres gigantes tradicionales de la distribución en las Islas que no están en la órbita de Alonso y distribuidores como Volkswagen, Citroën, Hyundai, Suzuki, BMW o Seat. Con Boluda: Grupo Ari, Toyota Canarias y Grupo Cabrera Medina (Ciccar), corporaciones que controlan más del 50% del mercado automovilístico regional y representan a una veintena de marcas. La alianza utiliza un sistema numérico informatizado y proyecta un crecimiento vertical mediante un edificio inteligente para contrarrestar la hegemonía infraestructural del mastodonte de Domingo Alonso.
La disputa trasciende el mero almacenamiento portuario y redefine las reglas de la competencia comercial en Canarias. Mientras Domingo Alonso apuesta por el músculo financiero de una autoterminal propia y altamente robotizada, el frente liderado por Boluda y Car Canarias blande la baza de la escala asociativa, uniendo a rivales históricos para reducir costes de manipulación a pie de muelle y minimizar la huella de carbono sin asumir una inversión inicial de veintiséis millones de euros. Con Tenerife relegada a un papel secundario en este segmento, el Puerto de La Luz se confirma como el campo de batalla definitivo donde la eficiencia en la gestión de campas y la digitalización decidirán el margen de beneficio de los grandes conglomerados del motor en el archipiélago.










