
Todavía están esperando por Tarfaya. La liturgia de la «cooperación vecinal» ha vuelto a ocupar la agenda oficial con el mismo guion de siempre, pero con un envoltorio más voluminoso. En esta ocasión, 80 representantes de la región de Souss-Massa han desembarcado en Gran Canaria para hablar de lo mismo que se hablaba en los años 90: una línea marítima regular entre Agadir y Las Palmas. Fernando Clavijo insiste en que las misiones comerciales ya están «fructificando», aunque al ser preguntado por los números, la respuesta vuelve al terreno de lo abstracto. La incapacidad de los mandatarios para cuantificar en euros el beneficio de estos encuentros confirma que, por ahora, el principal producto de exportación de estas cumbres es el papel oficial y las dietas de protocolo.
La Autoridad Portuaria de Las Palmas, dirigida por Beatriz Calzada, se ha limitado a «valorar» fórmulas para facilitar el negocio, una posición administrativa cómoda que evita compromisos financieros reales. Mientras Marruecos vende su fachada atlántica como un hub imparable, Canarias parece contentarse con el papel de anfitrión de una «economía azul» que nadie sabe muy bien cómo se traduce en la cuenta de resultados de las pymes locales. El escepticismo es inevitable: si la línea con Agadir fuera el negocio del siglo que sugiere el discurso institucional, las navieras ya estarían peleándose por la concesión en lugar de esperar a que una «comisión técnica de seguimiento» les explique cómo ganar dinero.
Entre la globalización y el brindis al sol
El rechazo a las críticas de «proteccionismo» formuladas por sectores como el Cabildo de Gran Canaria ha sido el único momento de firmeza en una rueda de prensa dominada por la vaguedad. Clavijo defiende que «ensimismarse es un error», pero no aclara cómo evitará Canarias convertirse en el tonto útil de una globalización que, en este caso, parece favorecer únicamente la salida de productos marroquíes hacia Europa utilizando los muelles canarios como plataforma gratuita. La mención a los «intercambios de investigación universitaria» suena más a relleno para el comunicado que a un motor económico capaz de sostener una rotación semanal de un buque de carga.
El resultado de esta cumbre de alto nivel es la creación de dos nuevas comisiones: una técnica y otra de seguimiento. En el lenguaje de la administración canaria, esto suele ser el eufemismo utilizado para archivar proyectos que no tienen encaje en la realidad del mercado. Hasta que no se vea un buque cargado de mercancías que no sean subvencionadas, la línea Agadir-Las Palmas seguirá siendo lo que ha sido durante los últimos treinta años: una excelente excusa para viajes oficiales y una quimera logística que naufraga cada vez que se enfrenta a una hoja de Excel.










