
La transición ecológica en el transporte marítimo atlántico avanza a buen ritmo, siempre y cuando las empresas estén dispuestas a pagársela casi íntegramente de su bolsillo. Fred. Olsen SA ha decidido que el almacenamiento de energía y las bondades del autoconsumo son conceptos extraordinariamente fotogénicos en las notas de prensa, pero notablemente gravosos cuando la chequera pública europea muestra la tacañería propia de un contable en horas bajas. La compañía ha formalizado su renuncia irrevocable a las ayudas definitivas concedidas dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, cerrando la puerta a dos de sus proyectos estrella en el archipiélago.
El desencuentro financiero se detalla con precisión quirúrgica en los archivos de la Dirección General de Energía del Gobierno de Canarias. Para el primero de los expedientes, catalogado con la referencia IA20210111943, la corporación marítima estimó una inversión necesaria de 595.857,97 euros. La generosa respuesta de la administración pública, tras procesar la solicitud bajo el paraguas del Real Decreto 477/2021, se limitó a una concesión de 51.521,25 euros.
La disparidad aritmética se repitió de forma casi idéntica en la segunda propuesta de la naviera. En el expediente IA20210111947, los ingenieros de Fred. Olsen presupuestaron una partida de 598.693,97 euros para la implantación de tecnologías de generación renovable. El departamento autonómico, aplicando las estrictas tablas de la convocatoria de concurrencia no competitiva, volvió a consignar la milimétrica cifra de 51.521,25 euros. Dos proyectos distintos, dos presupuestos diferentes, pero exactamente la misma asignación económica a la baja.
Una limosna difícil de justificar en el consejo
El balance global de la operación arroja una lectura económica que habría provocado sudores fríos en cualquier junta de accionistas. Fred. Olsen solicitó un respaldo financiero institucional que rozaba los 1,2 millones de euros para transformar la sostenibilidad operativa de sus instalaciones de apoyo. En contrapartida, las resoluciones oficiales del Ejecutivo canario le otorgaron una aportación conjunta de 103.042,50 euros.
Aceptar semejante muestra de generosidad administrativa habría obligado a la compañía a sufragar con fondos propios más de un millón de euros para cumplir con los rigurosos hitos de ejecución exigidos por la adenda europea REPowerEU. El subsidio concedido apenas cubría el 8,6% del coste real de las tecnologías proyectadas, transformando un incentivo público en un pasivo corporativo de imposible retorno.
La normativa de la Ley del Procedimiento Administrativo Común ha servido de elegante vía de escape para el operador marítimo. Amparada en el artículo 94 de la citada legislación, la dirección de la naviera ha ejercido su derecho a desistir de unas subvenciones que fueron firmadas en la resolución del pasado 25 de abril de 2025. La administración regional se ha visto obligada a aceptar de plano la renuncia, declarando conclusos los expedientes y liberando unas partidas presupuestarias que resultaron ridículas para mover la maquinaria de un gigante del cabotaje.
El repliegue de los planes verdes
La firma de Raquel Moreno de la Rosa, al frente de la Unidad de Proyectos de Transición Energética de los Fondos Next Generation EU, ratifica el carpetazo administrativo a las pretensiones de la naviera. La estructura del Gobierno de Canarias ha tramitado la baja de los incentivos con la misma frialdad burocrática con la que tasó los proyectos originales. La renuncia de Fred. Olsen pone en evidencia las costuras de un sistema de incentivos que pretende descarbonizar sectores industriales pesados utilizando baremos más propios de una comunidad de vecinos. Mientras los buques de la flota continúan quemando combustible tradicional para garantizar la conectividad de las islas, los fondos destinados a maquillar el impacto ambiental de sus infraestructuras terrestres regresan limpios a la hucha comunitaria, demostrando que la sostenibilidad en el mar requiere algo más que buenas intenciones y propinas institucionales.










