
La reciente misión comercial a Dakha, donde hubo un funcionario que tiene que elaborar los pliegos de la estiba en Las Palmas como informó Canarymaritime sin que nade haya informado a Bruselas todavía, y protagonizada por Fedeport, la patronal portuaria del Régimen del 78 en Las Palmas, ha levantado un muro de desconfianza en Gran Canaria que el presidente Antonio Morales no ha dudado en señalar con nombres y apellidos. Para quienes defienden la soberanía y el futuro económico del Archipiélago, la actitud de la patronal portuaria no es pragmatismo, sino una preocupante miopía que antepone beneficios empresariales inmediatos a la seguridad estratégica de las Islas. El «interés general» que dice defender la federación parece diluirse cuando se cruza con las ambiciones de un Marruecos que no oculta su deseo de asfixiar el liderazgo de Las Palmas.
El argumento de Morales es tan sólido como alarmante: no se puede ir de la mano de quien pretende «arrebatar» aguas y control aéreo. Para Morales, mientras Fedeport justifica su presencia en el Sáhara Occidental como una forma de «conocer a la competencia», lo cierto es que su participación dota de una pátina de legitimidad a un proyecto, el puerto de la antigua Villa Cisneros, diseñado para ser el verdugo de la actividad logística canaria. Al igual que ocurrió con Algeciras y Tánger-Med, para Morales el apoyo técnico o comercial desde Canarias hoy podría ser el acta de defunción de miles de empleos en el Puerto de La Luz mañana.
Morales la criticado la opacidad de Fedeport dado que su presidente, Juan Socas, es socio del grupo turco que tiene terminales de cruceros, al igual que en Las Palma, pero en Marruecos, donde es concesionaria en Casablanca de reciente adjudicación. Para Morales, resulta incomprensible que, mientras el sector primario canario aún sangra por la competencia desleal de los productos marroquíes, la patronal portuaria decida ignorar las lecciones de la historia. Participar en la «visión atlántica» de Marruecos es, en la práctica, aceptar un papel secundario y de sumisión para Canarias, convirtiendo al Archipiélago en una «prisión marítima» rodeada de infraestructuras financiadas y promovidas por un vecino que ignora sistemáticamente el derecho internacional.
El ataque de Morales a Fedeport pone el dedo en la llaga: ¿A quién sirven realmente nuestras élites empresariales? En un momento en el que el eje Rabat-Washington-Tel Aviv presiona sobre el Sahel y las aguas canarias, la tibieza de la patronal y su connivencia con las misiones ofciales de prospección de negocios son vistas por Nueva Canarias como una traición al modelo de autogobierno y seguridad.
Noticia escrita por Gara Vega. Editado y verificado por Pedro Marrero. Información cruzada sin filtros institucionales. Este análisis no ha sido financiado por publicidad oficial ni condicionado por intereses de lobby.










