
En una de sus intervenciones más directas desde que abandonara la jefatura del Estado Mayor de la Defensa, el general Fernando Alejandre ha puesto el foco en la vulnerabilidad estratégica de las Islas Canarias. En una entrevista concedida este 29 de marzo de 2026 a ABC, el exJemad ha roto su silencio para señalar sin ambages que Marruecos constituye la principal preocupación para la soberanía española, calificándolo como una «amenaza cierta y clara» que planea sobre el archipiélago y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.
Alejandre, que ahora se expresa con la libertad que le otorga su recién estrenada jubilación, muestra una inquietud profunda por el eje militar que se está consolidando entre Rabat y Estados Unidos. Según el general, este acercamiento no es un fenómeno reciente, pero sí uno que debería encender todas las alarmas en las islas. El temor reside en que el escudo antimisiles o el apoyo logístico que hoy presta la base de Rota pudiera desplazarse hacia el flanco sur de la Alianza si España continúa tensando la cuerda diplomática con Washington por sus posturas antibelicistas en conflictos como el de Irán.
Uno de los puntos más críticos del análisis del exJemad se centra en la fragilidad del Artículo 5 del Tratado de Washington —el principio de defensa colectiva de la OTAN— en caso de una agresión marroquí a territorio español no peninsular. Alejandre reconoce tener «serias dudas» de que los aliados respondieran afirmativamente ante un ataque en Canarias o las plazas africanas. «Hemos perdido varias oportunidades de meter a Ceuta y Melilla dentro del Tratado», lamenta, subrayando que la falta de una cultura de defensa sólida en España deja a las islas en una situación de «indefensión» que Marruecos sabe interpretar.
El general no ahorra críticas hacia la gestión del Gobierno de Pedro Sánchez, a la que tacha de «simple» y contradictoria. Para Alejandre, el eslogan del «No a la guerra» choca frontalmente con el envío de fragatas a misiones internacionales como la de Chipre. «Me repulsa cuando oigo hablar de fragata defensiva; mis compañeros saben que en un momento dado van a tener que hacer fuego y se acabó la historia», sentencia. Esta «desnaturalización» de la misión militar, según su criterio, debilita la imagen de España ante sus socios internacionales y, por extensión, su capacidad de disuasión frente a las ambiciones territoriales de los vecinos del sur.
En clave canaria, donde la presencia militar es constante no solo en maniobras sino también en apoyo a crisis migratorias o volcánicas, Alejandre lanza un mensaje de advertencia: el prestigio de las Fuerzas Armadas no puede basarse únicamente en labores humanitarias o de la UME. El general exige recuperar las «tres erres»: respeto a la misión combativa, reconocimiento social y una remuneración digna para el soldado, que actualmente percibe poco más que el ingreso mínimo vital. Sin estos pilares, concluye, la defensa de España y de sus territorios más sensibles, como Canarias, queda supeditada a un voluntarismo político que Marruecos, con un gasto militar en auge, no deja de testar.










