
La mañana del pasdo domingo, el tablero energético mundial ha saltado por los aires con una onda expansiva que, aunque originada a miles de kilómetros, amenaza con golpear los cimientos económicos de Canarias. El impacto de proyectiles contra tres petroleros y el cierre de facto del Estrecho de Ormuz por parte de Irán no es solo un conflicto regional; es el inicio de una crisis de suministros que sitúa a las islas en una posición de vulnerabilidad crítica. Con más de 200 buques comerciales anclados en un limbo marítimo, el archipiélago observa con temor cómo su dependencia del crudo foráneo se convierte en una trampa geopolítica.
Para Canarias, el bloqueo de Ormuz —por donde fluye el 20% del petróleo mundial— se traduce en una presión inmediata sobre los precios del combustible y la logística de generación eléctrica. A diferencia de la península, la ultraperiferia canaria no tiene alternativa al «oro negro» para mantener sus centrales térmicas y su conectividad aérea. Las advertencias de Jakob Larsen, de la organización BIMCO, sobre los riesgos de error en los ataques, resuenan con fuerza en el puerto de La Luz: cualquier buque con bandera de conveniencia o intereses cruzados podría ser el siguiente, elevando las primas de riesgo de guerra en el mercado de Lloyd’s de Londres entre un 25% y un 50%.
Este encarecimiento del seguro de casco y carga, proyectado por expertos como Dylan Mortimer en Lloyd’s, impactará directamente en la estructura de costes de las navieras que operan en las islas. El puerto de Santa Cruz de Tenerife y el de Las Palmas podrían ver cómo los fletes de productos básicos se disparan desde este mes de marzo cuando las aseguradoras reevalúen la cobertura. Además, el riesgo de que Irán despliegue minas navales en los canales de navegación añade una capa de incertidumbre que podría obligar a reorientar las rutas globales, devolviendo a Canarias su papel histórico de «gasolinera del Atlántico» ante el desvío de buques por el Cabo de Buena Esperanza, pero a un coste operativo prohibitivo.
La Administración Marítima de EE. UU. ya ha instado a evitar la región, una directriz que afecta a la tripulación y propiedad de numerosos buques que tocan puertos canarios. En un sistema eléctrico tan frágil como el isleño, un retraso de apenas una semana en la llegada de cargueros de gas licuado o fueloil podría poner en jaque la estabilidad del suministro. Mientras las autoridades iraníes declaran el corredor cerrado, el Gobierno de Canarias y los operadores energéticos locales entran en modo de emergencia: el «efecto Ormuz» es ya una realidad que amenaza con encarecer la vida de ocho islas que, una vez más, descubren que su seguridad depende de la paz en un estrecho demasiado lejano.










