
En los muelles de Gran Canaria, el optimismo industrial suele medirse por la cuantía de la subvención más que por la fuerza del Alisio. La V Mesa de la Energía Eólica Marina (el nombre recuerda a aquello de la Mesa Nacional de Herri Batasuna) ha despejado las dudas: el Archipiélago no busca competir en el mercado global, sino blindar un ecosistema de excepción. La propuesta enviada al Gobierno central por PP y CC a instancia del Cluster Marítimo de Canarias no es un plan de despliegue, es una exigencia de soberanía burocrática: un cupo reservado de 250 MW blindado bajo el eufemismo de la «singularidad insular». Tienen miedo a que aparezca un Naturgy y romper el esquema. Hasta la derechona estibadora dijo el pasado domingo en Canarias 7 que estaban ilusionados con esto de la cuota canaria en la eólica marina.
El consenso para licitar un único parque eólico en esta primera fase delata el miedo al mercado abierto. Bajo la bandera de las «economías de escala», el lobby de la economía azul de Las Palmas intenta evitarse el engorro de gestionar la competencia real, prefiriendo un modelo de adjudicación única que facilite la digestión administrativa. Es, en esencia, planificación central con olor a salitre: se elige un solo ganador para asegurar que el experimento no descarrile antes de la WindEurope 2026.
Sin embargo, el verdadero motor de este ‘hub’ atlántico no es la tecnología, sino el programa-coladero Interreg MAC. El proyecto Blue Supply Chain, presentado como la gran esperanza para las pymes locales, es el ejemplo perfecto de la economía de invernadero que impera en las islas: un andamiaje financiero donde el 85% del coste corre a cuenta de los fondos FEDER. Sin el pulmón de Bruselas, la cacareada cadena de valor canaria se quedaría sin aire en cuestión de meses. Programas de papeles y de eventos.
La marca Canarias se vende como un territorio preparado para liderar, pero la realidad contable sugiere que el sector está más pendiente del Boletín Oficial que del anemómetro. Mientras el contribuyente europeo siga dispuesto a cubrir el 85% de la factura de la «transición verde», el negocio seguirá girando. El problema vendrá cuando Europa decida que ya ha pagado suficientes molinos y exija que, por una vez, la industria canaria aprenda a caminar sin las muletas de los fondos de cohesión.
Noticia escrita por Pedro Marrero. Editado y verificado por Gara Vega. Información cruzada sin filtros institucionales. Este análisis no ha sido financiado por publicidad oficial ni condicionado por intereses de lobby.










