
El frente marítimo de Puerto Naos, principal motor turístico de la vertiente occidental de la isla de La Palma, encara una transformación estructural crítica tras el impacto socioeconómico y territorial de la erupción volcánica de Tajogaite en el año 2021. La ingeniería civil asume el desafío de estabilizar un entorno geológico hostil y fuertemente condicionado por la sismicidad, las emanaciones persistentes de gases tóxicos y las dinámicas erosivas de un litoral muy expuesto al oleaje del Atlántico. Los pliegos técnicos del proyecto de protección del paseo marítimo, redactados por el estudio GIUR bajo las directrices del Código Estructural y las normativas sismorresistentes estatales, delimitan las condiciones de los contratos de ejecución de obra pública necesarios para reconstruir las infraestructuras de la comarca.
El marco del sector oeste palmero se define por una geología volcánica cuaternaria de coladas basálticas escoriáceas y niveles de ceniza que configuran los acantilados marinos de más de 300 metros de altura. Puerto Naos y El Remo se asientan sobre una isla baja formada por lavas que históricamente ganaron terreno al mar, un enclave donde las plataformas continentales sumergidas son extremadamente reducidas y la deriva de sedimentos se concentra junto a la línea de costa. La ejecución de la primera fase del paseo marítimo exige la construcción de estructuras de contención capaces de resistir empujes de tierras y los embates del oleaje, recurriendo a muros de gravedad de hormigón en masa con un alzado máximo de 7,50 metros combinados con mampostería cara vista.
Las especificaciones contractuales para las empresas licitadoras imponen estrictas exigencias de cálculo basadas en la metodología del Instituto Técnico de Materiales y Construcción (INTEMAC) y el Código Técnico de la Edificación (CTE). Las hipótesis de dimensionamiento parten de un terreno clasificado como T-1 (favorable y de baja variabilidad), con una tensión admisible estimada en 0,4 MPa y excavaciones previstas mediante medios mecánicos pesados como tractores de orugas (dozer-ripper) y picado mecánico. Las constructoras adjudicatarias deberán certificar la estabilidad estructural frente a los Estados Límite Últimos (ELU) de deslizamiento y vuelco, aplicando las teorías clásicas de Coulomb para el empuje activo de los rellenos basálticos de trasdós y despreciando por completo el efecto estabilizador del empuje pasivo ante posibles corrimientos de la obra.
El diseño del muro tipo contempla una zapata basal de 1,50 metros de altura sobre la que se alza un trasdós de 6 metros, con una coronación de 1,20 metros y hormigón de masa específica fijada en 24 kN/m³. Para mitigar los efectos erosivos del oleaje marino en el intradós de la estructura, los contratos obligan a profundizar la cimentación y adecuar rellenos con la calificación mínima de suelos seleccionados según los estándares de carreteras del pliego general PG-3. Las acciones permanentes del peso propio y el sismo accidental prevalecen en las fórmulas de cálculo estructural, mientras que los efectos del viento se desestiman por su irrelevancia en la tipología de la obra.
La viabilidad comercial y financiera de estas contratas públicas permanece indisolublemente ligada al escenario de emergencia habitacional y sanitaria de la comarca del Valle de Aridane. Casi cinco años después de finalizar el proceso eruptivo en diciembre de 2021, las concentraciones peligrosas de dióxido de carbono mantienen cerrado el principal núcleo turístico de la isla, que cuenta con más de 5.000 plazas de alojamiento inutilizadas y su mayor complejo hotelero de 1.300 camas completamente vacío. La parálisis comercial afecta a un millar de trabajadores directos y ha provocado un severo desplazamiento demográfico hacia otras regiones del archipiélago canario, dañando las cuentas de resultados empresariales y el consumo local.
La inversión pública en el paseo marítimo pretende anticiparse a la reapertura definitiva de la localidad a medida que se mitiguen los riesgos ambientales en el subsuelo. El Comisionado para la Reconstrucción de La Palma coordina planes paralelos que incluyen sistemas de ventilación forzada para la extracción de CO₂ e inyección de aire limpio en los sótanos de Puerto Naos y La Bombilla, junto a la implantación de un Centro de Vigilancia Continua de gases. Los contratos de obra civil del frente marítimo forman parte de la hoja de ruta destinada a recuperar el atractivo de la playa de arena negra más concurrida del oeste de la isla, un proyecto clave para reconfigurar el modelo de desarrollo insular frente al envejecimiento de la población y el declive de las explotaciones agrarias sepultadas por las coladas de lava.










