La jornada de este 3 de marzo de 2026, el mercado de combustibles en el eje Europa-África ha despertado bajo una presión doble: la geopolítica incendiaria de Oriente Medio y un frente meteorológico que está estrangulando la operatividad en Las Palmas y Tenerife además del Estrecho. Mientras el ICE Brent se dispara hasta los 81,14 dólares por barril —una subida de 2,05 dólares en apenas una sesión—, los puertos de Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife emergen como piezas críticas de un tablero logístico que se desplaza forzosamente hacia el Atlántico ante la parálisis del Estrecho de Ormuz.
La escalada bélica entre el eje EE. UU.-Israel e Irán ha provocado lo que los analistas de ING Bank y ANZ califican como un «parón inmediato»: las aseguradoras han revocado las pólizas para el tránsito por Ormuz, desviando el tráfico global hacia la ruta del Cabo de Buena Esperanza. Este cambio de paradigma debería ser una oportunidad de oro para el hub canario, pero la meteorología ha decidido complicar el escenario. En Las Palmas, vientos de entre 24 y 30 nudos han obligado a suspender el abastecimiento de combustible en el fondeadero exterior, limitando las operaciones al interior y generando un periodo de espera de 2 a 3 días, según datos de MH Bland.
En el plano de los precios, la tensión es palpable. El VLSFO (combustible de bajo azufre) ha subido 19 dólares en Gibraltar y 10 dólares en Durban, mientras que en Las Palmas la escasez de ventanas operativas amenaza con tensionar las primas locales. La paradoja es absoluta: mientras la demanda de búnker busca refugio en el Atlántico ante el caos en el Mediterráneo (donde Ceuta permanece suspendida y Algeciras acumula retrasos), la capacidad de respuesta de los puertos canarios se ve mermada por el clima, justo cuando el Brent se encamina hacia niveles de alerta por el temor a ataques contra infraestructuras energéticas en el Golfo.
A corto plazo, los operadores consultados por Canarymaritime en Canarias observan con cautela dos factores contrapuestos: el aumento de inventarios en EE. UU. (16 millones de barriles) y el acuerdo de la OPEP+ para elevar la producción en 206.000 barriles diarios en abril. Sin embargo, para los armadores que operan en la ruta de West Africa, estas cifras macroeconómicas palidecen ante la realidad de los muelles. Con las operaciones en el Mediterráneo seriamente alteradas por el mal tiempo y Ormuz cerrado de facto, Canarias se prepara para una quincena de máxima presión logística, donde la gestión del fondeadero interior y la estabilidad de los suministros de LSMGO determinarán quién sobrevive al encarecimiento súbito del transporte marítimo global.










