
El muelle, históricamente cuna de la resistencia y el puño en alto, ha terminado por rendirse a los despachos de la plaza de España. La Coordinadora, ese gigante que antaño hacía temblar al Estado con un solo silbato, ha completado su metamorfosis hacia una suerte de derechona estibadora. Ya no se agitan banderas de clase; ahora se redactan comunicados con el perfume institucional de Coalición Canaria. Su última maniobra con el buque MV Hondius no es una defensa del trabajador, sino un blindaje político para Fernando Clavijo, ejecutado con la disciplina de quien ha cambiado el peto por el traje de asesor.
La decisión de apoyar sin fisuras al Gobierno de Canarias frente a Madrid revela un cálculo de intereses que nada tiene que ver con el salitre. Al exigir «consenso» y «coordinación», el sindicato mayoritario ha decidido actuar como la policía de fronteras del ejecutivo regional. Es una alianza de conveniencia: la estiba ofrece paz social y control territorial a cambio de mantener su estatus de casta intocable bajo el paraguas del nacionalismo conservador. El sindicato ya no mira al patrón con desconfianza, sino que se sienta a su mesa para decidir quién entra y quién sale de las aguas canarias.
Lo más sangrante de este nuevo orden es la renuncia explícita a la calle. Que una organización que presume de representación mayoritaria en Santa Cruz y Las Palmas firme un documento donde dice «NO (en mayúsculas en el original) a las movilizaciones» es el acta de defunción de su espíritu combativo. Esta derechona estibadora ha descubierto que es más rentable ser el brazo ejecutor de la parálisis administrativa que el motor de la protesta. Al desactivar cualquier intento de concentración o paro por el asunto del Hondius, La Coordinadora se ha convertido en el mejor garante de la tranquilidad de los poderosos, utilizando la «seguridad sanitaria» como un cómodo biombo para ocultar su seguidismo político.
El rechazo al «uso interesado» de la situación por parte de terceros es la cumbre del cinismo. Mientras acusan a otros de buscar rédito, ellos amarran su futuro al de una Coalición Canaria que los utiliza como fuerza de choque institucional frente al Gobierno central. Han pasado de la huelga estratégica al orden cuartelero, exigiendo EPIs mientras entregan la soberanía de los trabajadores a una agenda política que prioriza el pleito insular sobre la solidaridad obrera.
En los puertos de interés general, el mensaje ha quedado nítido: el músculo de la estiba ya no está al servicio de la transformación social, sino del mantenimiento de un statu quo donde el puerto es el feudo y el sindicato su guardia pretoriana. Esta derechona de los muelles ha entendido que, en la Canarias de 2026, se vive mejor bajo la sombra protectora del Gobierno regional que en el frío de la barricada. El MV Hondius se queda fuera, pero el sindicato se queda dentro del sistema, más cómodo, más silencioso y, sobre todo, más dócil que nunca ante el poder de las islas.










