
ha desplegado su arquitectura táctica sobre el flanco sur de Europa y el norte de África. La edición de este año, bajo la dirección de la SETAF-AF, moviliza a más de 10.000 efectivos de 40 naciones en un escenario que se extiende por Túnez, Marruecos, Ghana y Senegal. El ejercicio, operativo desde el 20 de abril, ha consolidado a Túnez como el laboratorio de pruebas más avanzado del continente al integrar, por primera vez a gran escala, sistemas de inteligencia artificial para la logística predictiva y la toma de decisiones en tiempo real sobre el terreno.
La interoperabilidad se mide en maniobras de alta intensidad. Los lanzamientos conjuntos entre la 173.ª Brigada Aerotransportada de Estados Unidos y las unidades de élite tunecinas definen la complejidad de un entrenamiento que abarca desde la guerra multidominio hasta la explotación de sitios sensibles para la inteligencia militar. El componente tecnológico, apoyado por sensores autónomos y análisis de datos operacionales, transforma la operatividad convencional en un ecosistema de respuesta rápida. La presencia de contingentes de Italia y Francia en estos ejercicios reafirma la voluntad de los socios europeos por blindar la estabilidad del Mediterráneo central frente a la inestabilidad que fluye desde el Sahel.
Mauritania mantiene su propia agenda de fortalecimiento estructural. Una delegación de alto nivel de la OTAN, encabezada por el coronel Gökhan Hazimli, concluyó el pasado 10 de abril un ciclo de visitas a las instalaciones de sus fuerzas especiales. Las reuniones con el mayor general Mohamed Lemine Blal han puesto el foco en la capacitación técnica y la mejora del entrenamiento táctico de la 3.ª Sección Especial. Este acercamiento se integra en el proyecto de «Fortalecimiento de la Capacidad de Defensa», un movimiento estratégico que busca consolidar a Mauritania como un interlocutor capaz de gestionar su seguridad fronteriza ante las presiones transnacionales.
Canarias observa este despliegue como el espejo necesario de su propia realidad operativa. La sincronización entre los ejercicios African Lion y las misiones de vigilancia permanente en el archipiélago dibuja un mapa de seguridad donde la inmensidad del Atlántico deja de ser un espacio vacío para convertirse en un terreno de sensores activos. Mientras la SETAF-AF entrena la respuesta ante crisis multidominio, el Mando de Canarias mantiene su presencia física y tecnológica sobre las islas, asegurando que la soberanía nacional no sea una mera declaración, sino una estructura de vigilancia que se extiende, de manera silenciosa y geométrica, desde los barrancos insulares hasta la línea del horizonte africano. El orden persiste, por puro rigor, frente a la amenaza de lo ambiguo que viene el viento del Sáhara.










