
El Puerto de La Luz opera hoy a plena capacidad. La Autoridad Portuaria confirma un registro de ocupación del 100%, impulsado por una concentración sin precedentes de buques perforadores y unidades especializadas en el sector de la energía submarina. Este despliegue subraya la posición de la infraestructura como un nodo crítico para la industria energética global, con las compañías internacionales priorizando la solvencia técnica del puerto frente a otras alternativas regionales.
La complejidad operativa del recinto ha quedado patente con la llegada del Castorone, un buque de 325 metros de eslora gestionado por Saipem. La unidad, diseñada para el tendido de tuberías submarinas, ha recalado en Gran Canaria durante su tránsito entre Brasil y el Mar Negro. La escala exige una gestión logística de alta precisión, dado que el buque transporta a más de 500 tripulantes y requiere una intervención técnica técnica acelerada. Este tipo de escalas técnicas, aunque breves, demuestran la capacidad de absorción de servicios auxiliares que posee el tejido empresarial local.
El dique Reina Sofía alberga actualmente a la flota de la armadora Noble Corporation. Los buques Noble Voyager y Noble Valiant, con esloras que superan los 220 metros, han iniciado programas de adecuación técnica que se prolongarán durante los próximos dos meses. A estos activos se suma el buque perforador Santorini, recién llegado desde Costa de Marfil y preparándose para su despliegue en aguas chipriotas. La recurrencia de estas paradas técnicas responde a un calendario de proyectos internacionales que vincula la operatividad de estas naves con la capacidad instalada en Gran Canaria.
Beatriz Calzada, presidenta de la Autoridad Portuaria, sitúa esta saturación operativa como el resultado de una estrategia de especialización iniciada años atrás. El sector offshore se ha convertido en el vector principal de diversificación económica del recinto, desplazando o complementando el modelo tradicional de carga. El impacto trasciende el simple tránsito marítimo, puesto que la industria auxiliar local captura el valor añadido de cada reparación y transformación. El puerto se reafirma como un ecosistema competitivo capaz de atender requerimientos de ingeniería avanzada en un corredor estratégico del Atlántico.










