La hegemonía logística que las Islas Canarias ejercen tradicionalmente en el Atlántico Medio afronta un desafío estructural sin precedentes en el eje sur-norte. La consolidación operativa del megapuerto de aguas profundas de Lekki, una infraestructura nigeriana valorada en 1.500 millones de dólares y financiada mayoritariamente por capitales estatales de Pekín, amenaza con alterar de forma definitiva las rutas de transbordo en la fachada occidental de África.
Hasta la fecha, los puertos de Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife se han posicionado como las plataformas de conectividad seguras para las mercancías globales dirigidas al Golfo de Guinea, actuando como centros de redistribución debido a la histórica ineficiencia y saturación de las terminales de la costa continental africana. Sin embargo, el nuevo nodo de Lekki rompe esta dinámica al ofrecer un calado de 16,5 metros en una zona franca estratégica. Esta ventaja de ingeniería permite el atraque directo de los buques portacontenedores de última generación que antes se veían obligados a descargar su mercancía en los recintos isleños o en enclaves periféricos para su posterior redistribución en barcos de menor tamaño.
La alianza de Nigeria con gigantes asiáticos como China Harbour Engineering Company no solo introduce eficiencia operativa inmediata para un mercado de 200 millones de consumidores, sino que compite directamente por la captación del tráfico marítimo internacional en las rutas que enlazan Extremo Oriente y América con el continente africano.










