
En los mercados de materias primas marinas, el indicador L50, la talla en la que la mitad de una población alcanza la madurez, ha operado durante décadas como el estándar de solvencia para las cuotas de captura. Sin embargo, el Instituto Universitario Ecoaqua de la ULPGC considera que este umbral es un riesgo sistémico para la biodiversidad. A través del proyecto GRANDES, el grupo de investigación BIOCON ha iniciado una auditoría genética para demostrar que la presión extractiva actual está forzando una evolución acelerada en las especies comerciales, alterando su crecimiento a escala molecular.
El equipo liderado por José Juan Castro propone un cambio de paradigma regulatorio: desplazar el foco hacia el L95. Este criterio, mucho más conservador, exige que el 95% de los individuos de una población haya alcanzado la madurez reproductiva antes de entrar en la cadena de suministro. Para los gestores del sector, no se trata solo de un debate biológico, sino de la supervivencia de los caladeros. Al identificar las secuencias genómicas que regulan la reproducción, GRANDES busca establecer una base científica que prevenga la sobrepesca genética, un fenómeno que reduce la capacidad de recuperación de las poblaciones y amenaza la rentabilidad a largo plazo de la industria.
Financiado por el programa Pleamar y el Fondo Europeo Marítimo (FEMPA), el proyecto evaluará distintos escenarios de biomasa y rendimiento por recluta bajo estas nuevas métricas. El desafío para la ULPGC será traducir esta evidencia genética en propuestas de gestión viables para las administraciones competentes. En un entorno donde los criterios de sostenibilidad dictan cada vez más el acceso a los mercados internacionales, el rigor genético se perfila como el nuevo pliego de condiciones para garantizar la seguridad alimentaria y la estabilidad de los ecosistemas canarios.










