
Mientras el África subsahariana se prepara para un crecimiento explosivo en la exportación de Gas Natural Licuado (GNL) —con una previsión de aumento del 175% para 2034—, todas las miradas convergen en un punto estratégico fuera del continente, pero vital para su logística: Santa Cruz de Tenerife y, en concreto, Granadilla, dado que Las Palmas ha renunciado al GNL por imposición de la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias.
En este nuevo orden energético, donde los centros tradicionales como Egipto y Argelia ceden el paso a la pujanza de Nigeria, Mozambique y el eje Senegal-Mauritania, el puerto del sur tinerfeño se erige como la infraestructura crítica que garantiza la viabilidad técnica de este «corredor emergente».
La Década del Gas de Nigeria, respaldada por inversiones que ya superan los 8.000 millones de dólares, y el inicio de la producción en el campo transfronterizo Greater Tortue Ahmeyim (GTA) entre Senegal y Mauritania, han desplazado el centro de gravedad del gas global hacia el sur del Sáhara. En este escenario, Tenerife no es un mero espectador; su puerto se ha consolidado como la base de operaciones preferida para las grandes multinacionales como BP, Shell y TotalEnergies. La isla, salvo por la presencia en la toma de decisiones de funcionarios poco cualificados, ofrece la seguridad jurídica y la capacidad técnica que los megaproyectos de 42.000 millones de dólares en Tanzania o los complejos de GNL en Mozambique aún no pueden replicar plenamente en suelo continental.
La importancia de Tenerife radica en su especialización como taller offshore. Mientras el África subsahariana alberga el 70% de los recursos recuperables del continente, la tecnología para extraerlos depende de infraestructuras de soporte masivas. El puerto tinerfeño, con su ecosistema de reparaciones navales, actúa como el pulmón técnico para las instalaciones de GNL flotante (FLNG), como la pionera Coral South de Eni en la cuenca de Rovuma. La capacidad de Tenerife para gestionar el mantenimiento de estas «ciudades flotantes» de gas es lo que permite que el flujo de 98.000 millones de metros cúbicos anuales previstos para 2034 sea una realidad operativa.
A pesar de las reservas de 150 billones de pies cúbicos en Mozambique, la insurgencia islamista en el norte del país sigue siendo una amenaza constante para la inversión privada. En este contexto, la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife ofrece el valor más preciado por los mercados: la estabilidad. Al ser un territorio bajo marco europeo pero situado geográficamente frente a la costa africana, la isla funciona como el almacén de repuestos estratégicos y el centro de logística avanzada para los proyectos de aguas profundas que están remodelando las economías de Lindi en Tanzania o el Delta del Níger.
Mientras el África subsahariana se convierte en el principal generador de la expansión del gas mundial, Tenerife se posiciona como el conector indispensable. No hay «corredor de GNL» al sur del Sáhara que no necesite la seguridad y la tecnología que se respira en los muelles tinerfeños. El gas natural será el combustible puente de la transición global, y Tenerife es, sin duda, el puente de acero que sostiene esa ambición.










