
Es el futuro de la antigua tabaquera canaria CITA, en manos de capital japonés y es un negocio de base logístico del que dependen familias insulares en sectores como la importación de cartón o la propia materia prima que llega a través del puerto de Santa Cruz de Tenerife. La inauguración oficial de la nueva planta de Japan Tobacco International (JTI) en el Parque Industrial de Tetuán este 2026 no es simplemente una expansión de capacidad en el Magreb. Como todo lo que ocurre con lo que compite con Tenerife, la versión oficial señala que es para abastecer al mercado africano. La materia prima procede de territorios como Polonia. Desde que pueda y las normas fitosanitarias lo permitan, el mercado europeo ganará peso en las exportaciones.
En Canarias, la dirige Ahmad Ismail. Y en Marruecos quien la dirige se llama José Luis Amador. En Canarias ha invertido 85 millones de euros y desde 2024 100 millones en Marruecos en una planta que ha tardado solamente en construirse y equiparse 17 meses. Desde Tenerife, el 60% de la producción se exporta. Las ayudas fiscales que recibe en las islas vía exención de impuestos indirectos y otros aspectos del REF, no son suficientes para superar lo que ocurre en mercados de alto consumo interior para el fabricante de Winston o Camel. Este mes de febrero estuvo en Las Palmas con el presidente de Canarias, Fernando Clavijo, pero oficialmente el futuro de la antigua CITA no estuvo presente en la conversación.
En los círculos portuarios y entre los analistas del sector logístico de Canarias, el movimiento se interpreta como la activación definitiva de un ‘Plan B’ logístico y fiscal. Mientras las instituciones en Canarias intensifican la presión impositiva sobre las labores del tabaco, la multinacional japonesa ha respondido con una inversión de 100 millones de dólares al otro lado del Estrecho, posicionando a Marruecos como su nuevo centro de gravedad para el Norte y Oeste de África.
El mensaje enviado desde Tetuán por José Luis Amador, director general de JTI para la región, ha sido una lección de diplomacia corporativa cargada de subtexto para el archipiélago. Al alabar la «fiabilidad de los socios institucionales» marroquíes y la modernidad de sus infraestructuras bajo el nuevo Pacto de Inversión, JTI subraya el contraste con la incertidumbre regulatoria que planea sobre su tradicional feudo canario. Con una capacidad inicial de 5.000 millones de cigarrillos anuales —escalable a 10.000 millones a medio plazo—, la planta de Tetuán ya no es un proyecto de respaldo; es una realidad operativa capaz de asumir cuotas de producción que, hasta ahora, dependían de la estabilidad fiscal de las islas.
La resiliencia de la cadena de suministro, mencionada por Phil Livingston, vicepresidente sénior de JTI, apunta directamente a la flexibilidad geográfica. La nueva ‘fábrica verde’ de 18.000 metros cuadrados no solo cumple con estándares de sostenibilidad, sino que aprovecha la ventaja de costes y la agilidad de la plataforma Tanger Med para servir a 12 mercados africanos desde Casablanca. La ecuación es clara: si Canarias sigue estirando la cuerda de la fiscalidad especial, JTI ya tiene el interruptor encendido en una jurisdicción que ofrece incentivos fiscales agresivos y una mano de obra competitiva, con un 30% de empleo femenino garantizado y un entorno institucional que, hoy por hoy, Marruecos califica de «verdaderamente acogedor».
Lo que comenzó como una estrategia de sustitución de importaciones para el mercado local marroquí ha mutado, en menos de 18 meses de construcción, en un hub de exportación regional. La «confianza renovada» de la que habla la dirección de JTI en Tetuán es, en la práctica, un aviso de que el capital no tiene lealtades territoriales permanentes si las condiciones de contorno se vuelven hostiles. La fábrica ecológica de Tetuán Park es hoy el seguro de vida de JTI y, potencialmente, el inicio del fin de una era de hegemonía industrial tabaquera en el Atlántico español.










