
El papel de los puertos de Canarias como centros logísticos neurálgicos e interconectores del comercio entre tres continentes afronta una nueva vulnerabilidad de seguridad internacional. Un informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) revela que Rusia emplea su denominada «flota de sombra» —buques de propiedad opaca diseñados originalmente para eludir sanciones comerciales— como plataformas encubiertas para el lanzamiento de vehículos aéreos no tripulados (UAV) en el espacio aéreo europeo. El patrón de operaciones, caracterizado por incursiones de bajo coste económica y políticamente negables, sitúa los recintos marítimos del archipiélago atlántico en una posición de exposición crítica ante actividades de espionaje híbrido y guerra no convencional.
Los grandes enclaves portuarios canarios, con Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife a la cabeza, concentran un volumen masivo de tráfico de mercancías, infraestructuras de suministro de combustible (bunkering) y nodos de telecomunicaciones submarinas esenciales para la conectividad de la OTAN en el flanco sur. El informe del IISS documenta hasta 144 avistamientos sospechosos de drones en el entorno de países soberanos europeos, ejecutados en gran medida desde barcos clandestinos que operan camuflados bajo el tráfico mercante regular. Este método de infiltración aérea elude los radares convencionales gracias a la baja altitud y reducida velocidad de los aparatos, que confunden los sistemas de defensa antimisiles diseñados para proyectiles supersónicos.
El precedente del Atlántico Norte y el riesgo de réplica en el entorno insular
La impunidad operativa demostrada por estas embarcaciones en aguas de Dinamarca, Francia o Irlanda anticipa la exportación de tácticas similares a la frontera atlántica de las islas. El análisis detalla incidentes de gravedad extrema, como el acontecido el 3 de enero de 2025, cuando el buque clandestino Arctica navegaba frente a la costa danesa mientras una oleada de hasta 20 drones sobrevolaba las instalaciones portuarias de Køge antes de desvanecerse en el mar. Acciones similares atribuidas al buque de escolta Boracay llegaron a forzar la suspensión total de la aviación civil en el aeropuerto de Copenhague en septiembre de ese mismo año.
Las autoridades comunitarias y los analistas de seguridad advierten que las aguas ultraperiféricas de Canarias ofrecen un entorno ideal para la ocultación de estos «buques fantasma». La altísima densidad de petroleros y cargueros que cruzan las autopistas marítimas del Atlántico Medio permite a naves como el Fitburg —incautado por Finlandia a principios de 2026— o el Vezhen mimetizarse de manera efectiva con el transporte de crudo legal. La recopilación de información en torno a movimientos de flotas militares de la Alianza Atlántica y la inspección visual de la infraestructura portuaria crítica civil representan los objetivos prioritarios de una campaña que los mandos aliados califican de «fracaso estratégico de la defensa aérea» continental.
Agujeros en el radar y parálisis en la cadena de mando
Las características intrínsecas de las incursiones dificultan la articulación de una respuesta armada coordinada en los muelles españoles. Al volar a cotas mínimas, los dispositivos no identificados suelen registrarse en las pantallas portuarias como simples aves o avionetas ligeras de recreo. Además, el marco institucional de respuesta militar adolece de una fragmentación competencial que ralentiza la toma de decisiones ágiles sobre el terreno. Las autoridades sectoriales portuarias, la navegación aérea y los estamentos de defensa operan bajo protocolos diferenciados, lo que entorpece las órdenes de derribo inmediatas por el temor fundamentado a generar víctimas civiles o daños colaterales en zonas urbanas colindantes.
Ningún órgano gubernamental español ha culpado públicamente a Moscú por estas intrusiones, emulando la prudencia del resto de socios europeos con la única excepción de Suecia. Esta parálisis en la atribución obedece a la tendencia institucional de analizar los avistamientos de forma aislada e individualizada, en lugar de interpretarlos como eslabones de una estrategia coordinada de sabotaje. El Kremlin persigue testar los tiempos de reacción de las fuerzas de seguridad estatales, trazar mapas de vulnerabilidades en el suministro y provocar costes económicos indirectos mediante la interrupción del tráfico comercial aéreo y portuario.
Blindaje de las infraestructuras críticas del Atlántico Medio
La nueva normalidad logística obliga a las administraciones portuarias canarias a replantear sus inversiones en seguridad periférica. Los planes tradicionales enfocados en la protección física ante el contrabando, la inmigración irregular o el terrorismo resultan insuficientes ante amenazas que provienen directamente del espacio aéreo. La adquisición de sistemas específicos antidrones (C-UAV), compuestos por radares de barrido electrónico de alta resolución, inhibidores de frecuencias y dispositivos de interceptación activa, empieza a consolidarse como una prioridad presupuestaria para evitar la parálisis de los muelles de carga.
El Comando de Defensa de Dinamarca reconoció deficiencias operativas graves tras los incidentes sufridos en sus terminales, abriendo un proceso de rearme tecnológico que ahora imitan el resto de socios comunitarios. La vulnerabilidad del frente portuario en el archipiélago canario es especialmente sensible por su condición periférica aislada. Mientras los operadores comerciales de Ginebra y Róterdam evalúan el encarecimiento de las primas de seguro para los buques que transitan la región, las bases navales de la zona incrementan el escrutinio sobre todo navío que apague de forma sospechosa sus sistemas de identificación automática antes de aproximarse al litoral insular.










