
Que en un gobierno nacionalista que abandera la defensa del habla canaria le coloquen una Z a un nombre mercantil no deja de ser una llamativa ironía. Es la bobería de meterle ‘zetas’ a las cosas que Unión Fenosa puso de moda cuando creó la ingengiería Soluziona. Ocurre con la histórica Megaturbinas Arinaga Sociedad Anónima. Las últimas anotaciones registrales en Las Palmas confirman que esta filial vinculada al Puerto de Las Palmas y gestionada por el Instituto Tecnológico de Canarias (ITC) desde la época de José Manuel Arnáiz ha formalizado un cambio de denominación social para pasar a llamarse Azelmar Tecnología SA.
Detrás de este movimiento mercantil resuenan los ecos del convulso ‘caso eólico’ que sacudió a las islas hace dos décadas. Fue el propio exdirector del Puerto de Las Palmas, Esteban del Nero, quien en 2006 reveló en su momento ante la comisión parlamentaria de investigación que el acta del consejo de administración del 17 de noviembre de 2004 —en la que supuestamente Megaturbinas descartaba acudir al concurso eólico regional— era falsa y nunca llegó a aprobarse.
Según el testimonio de Del Nero, aquella sesión derivó en un bronco enfrentamiento entre el expresidente de la Autoridad Portuaria, José Manuel Arnáiz (en representación de la Fundación Puertos), y el técnico del Cabildo denunciante de la trama, Francisco Cabrera (por la Sociedad de Promoción Económica de Gran Canaria). Cabrera acusó directamente a Arnáiz de manipular la decisión de Megaturbinas para favorecer los intereses de una oferta privada. El propio Del Nero admitió además reuniones previas con empresarios y directivos de la firma SPA meses antes de que el Ejecutivo autonómico hiciera pública la convocatoria del fallido concurso.
Hoy, la transformación corporativa marca un giro decisivo para una firma cuyo balance encierra una paradoja fascinante: un activo en expansión y un patrimonio neto al alza, frente a una actividad operativa prácticamente fantasma marcada por la estampa del prototipo que en su día instaló Gamesa, hoy calcinado e inactivo en el puerto industrial. Por aquella época estaría trabajando en la SPEGC el hoy director del puerto de Las Palmas, Francisco Trujillo.
Cuentas
Los estados financieros correspondientes al ejercicio 2024 reflejan una dinámica de acumulación patrimonial más que de producción industrial. Los activos totales de la sociedad experimentaron un notable crecimiento del 55,2%, pasando de 2.008.905,28 euros en 2023 a 3.119.227,35 euros en 2024. El patrimonio neto siguió una trayectoria ascendente similar, aumentando un 21% al elevarse de 1.292.127,42 euros a 1.563.976,12 euros en el mismo periodo.
La cifra de negocios también registró un incremento significativo, con unos ingresos de la actividad que crecieron un 65% hasta alcanzar los 251.793,26 euros en 2024, frente a los 152.614,54 euros del ejercicio anterior. Sin embargo, bajo este rendimiento contable se esconde una anomalía propia de los vehículos de propósito especial y sociedades tenedoras de activos: la empresa consignó una plantilla media de cero empleados tanto en 2023 como en 2024.
La transición de Megaturbinas a Azelmar Tecnología formaliza el abandono definitivo de la era de pruebas eólicas intensivas en capital. El nombre original respondía a la ambición insular de convertir a Gran Canaria en un campo de ensayos para aerogeneradores de gran potencia en tierra y offshore. No obstante, los reveses técnicos, el deterioro físico de las instalaciones y el peso de las irregularidades del pasado dejaron la infraestructura varada tras vallas de seguridad.
La nueva marca, Azelmar Tecnología, apunta a una diversificación hacia los servicios de ingeniería marítima, la gestión tecnológica o la mera administración patrimonial. Al desprenderse del sello Megaturbinas, el consejo busca desvincular un volumen de activos de 3,1 millones de euros de los fantasmas del concurso eólico y de las cicatrices visibles en el litoral de Arinaga. Está por ver si la entidad utilizará su músculo financiero para promover nuevos proyectos en el archipiélago o si continuará como una estructura sin personal para custodiar activos heredados. Pero el mensaje del Registro Mercantil es claro: la etapa de las megaturbinas ha quedado sepultada.










