
La reactivación de la campaña de pesca del pulpo ha alterado drásticamente la logística pesquera de Mauritania. La apertura de la temporada de capturas de este valioso cefalópodo ha desencadenado una auténtica migración de embarcaciones artesanales y marineros desde el sur del país y la capital hacia los puertos septentrionales de Tanit y Nuadibú, provocando un desabastecimiento inmediato en el mercado central de Nuakchot y disparando los precios de los productos del mar a niveles inasequibles para el consumo local.
La preocupación entre los minoristas es generalizada. El kilo de thiof (mero blanco) ha alcanzado los 5.800 ouguiyas antiguas, lo que equivale a unos 14 euros al cambio, mientras que piezas de kibaru (sargo) según su tamaño oscilan entre los 1.700 y los 2.800 ouguiyas antiguas, situándose entre los 4 y los 7 euros por ejemplar.
El dilema de fondo expone la tensión entre el modelo agroexportador y la soberanía alimentaria del país. El pulpo representa aproximadamente el 50% del valor total de las exportaciones pesqueras de Mauritania y constituye una fuente crítica de divisas para las arcas públicas, además de generar miles de puestos de trabajo directos e indirectos. Sin embargo, profesionales minorisas reclaman a las autoridades la articulación de mecanismos regulatorios que equilibren los retornos de la exportación con el establecimiento de cuotas de desembarque obligatorio para garantizar el consumo interno.
La dinámica responde a una estricta lógica económica dentro del sector extractivo. Baye Guei, un pescador originario de Ndiago, explica a 360º que la escasez de pescado en la capital coincide habitualmente con la estación de lluvias debido al atractivo financiero de la pesquería del pulpo. La concentración de las plantas de procesamiento, la logística de congelación y los circuitos de exportación directa en los muelles del norte convierten a la captura del cefalópodo en una actividad sustancialmente más lucrativa, empujando a los profesionales a abandonar los caladeros de Nuakchot.
Este desplazamiento masivo de la flota hacia las zonas de procesamiento industrial deja desatendida a la capital, un centro urbano que concentra a más de una cuarta parte de la población mauritana. La abrupta caída de las descargas en la playa de Nuakchot, combinada con una demanda urbana que se mantiene alta, ha generado una espiral inflacionaria en las lonjas de venta al pormenor, donde las familias y las comercializadoras locales encuentran serias dificultades para abastecerse.
Esta presión financiera ahoga a las familias de rentas medias y bajas que dependen del pescado como principal fuente de proteína en su dieta diaria. Comercializadores coinciden en señalar que las cotizaciones no bajan de los 1.800 ouguiyas antiguas (unos 4,30 euros) por las piezas más básicas, reflejando una estampa de puestos semivacíos que atestigua el parón de la actividad extractiva destinada al mercado doméstico.










