
Adassat Goya González, estibador en excedencia del puerto de Tenerife, tiene desde el pasado lunes otro frente: como director del Servicio Canario de Salud debe atender a la llegada de los pasajeros del crucero desde Cabo Verde MV Hondius. Esto ha frenado a la derechona estibadora que dirige otro Goya González, Antolín, miembro del consejo de administración de Puertos de Tenerife, a defender los protocolos de protección de sus afiliados conservadores. La existencia de riesgos biológicos para los trabajadores ha sido denunciada por dos centrales fuera del Régimen del 78: Trabajadores de Puerto de Tenerife (TPT) y CSIF, la central de los funcionarios. Es decir: personal de tierra en los dos casos.
Adassat Goya González recibe al buque desde Cabo Verde y Antolín Goya firmará el acta de cierre por inanición mediática del sindicato conservador de los estibadores de Tenerife. Ha llegado con el MV Hondius el fin de la hegemonía sindical que parecía inquebrantable. Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) y el Sindicato de Trabajadores del Puerto (TPT) han logrado algo hasta ahora impensable: dejar fuera de combate a la todopoderosa Coordinadora de Estibadores. El «noqueo» no ha sido físico, sino político y estratégico, aprovechando un silencio ensordecedor que nace de las contradicciones internas de la cúpula estibadora que defiende en 2026 la protección social premium que les brindó la dictadura del general Franco.
Fiambre sinidcal de derechas
La crisis del hantavirus ha desnudado una realidad incómoda para la llamada derechona estibadora. Mientras las bases exigían protocolos claros y seguridad ante la llegada de un buque con tres fallecidos a sus espaldas, la dirección de la Coordinadora ha mantenido un perfil invisible. La razón de este mutismo tiene nombre y apellidos, y se sienta hoy en los despachos más altos de la administración sanitaria: la dualidad de intereses que personifica la figura de su líder histórico, Antolín Goya González.
Noqueados
El conflicto de intereses es, para muchos trabajadores del puerto, un nudo gordiano imposible de deshacer. El hecho de que el líder espiritual y estratégico de la estiba sea hoy, precisamente, una pieza clave en el engranaje del Gobierno de Canarias —vinculado directamente a la gestión de la sanidad y el orden público— ha maniatado cualquier capacidad de protesta del sindicato mayoritario. Adassat Goya no es un recién llegado a los juegos de poder de Coalición Canaria. Su trayectoria es la de un hombre del partido camuflado bajo el mono de dirigente estibador era concejal de Economía, Hacienda, Policía y Protección Civil en El Sauzal entre 2007 y 2023, incluyendo los años de plomo de Paulino Rivero.
Esta acumulación de cargos, que incluyó la consejería delegada de la empresa municipal SEMUSA, choca frontalmente con la retórica de independencia sindical que la Coordinadora vendió durante décadas. Al ocupar puestos de máxima confianza en el mismo partido que hoy gestiona la llegada del buque a través del Servicio Canario de Salud, la capacidad de la Coordinadora para presionar a la administración se ha evaporado. No pueden ser martillo y yunque al mismo tiempo. El silencio de Antolín Goya ante la crisis del MV Hondius es, en realidad, el silencio de un gestor sindical que prefiere no agitar las aguas que intenta calmar.
Contradicciones que hunden
Ante este vacío de liderazgo, el CSIF y TPT han tomado la delantera comunicativa y operativa. Han sido estos sindicatos los que han puesto el foco en la vulnerabilidad de los trabajadores de la Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife, exigiendo las garantías que la Coordinadora, por disciplina de sindical, ha preferido omitir. La agresividad diagnóstica de TPT ha dejado en evidencia que la estiba ya no es un bloque monolítico.
La trayectoria de Goya entre 2016 y 2023 como coordinador de la Terminal de Contenedores para el grupo Aleática, sumada a su plaza en Sestife CPE desde 2006, dibuja un perfil más cercano a la élite ejecutiva y política que al trabajador de base que hoy teme la llegada del virus. La derechona estibadora, acostumbrada a marcar los tiempos del puerto, se ha visto obligada a asistir como espectadora a la organización del protocolo de Granadilla. El perfil bajo de Goya en este problema no es una elección táctica, es una imposición de su nueva realidad como parte de la estructura del poder regional.
Quedará como sindicato flotante
El resultado es un cambio de paradigma en los Puertos de Tenerife. CSIF ha ocupado el espacio de la defensa laboral técnica, mientras el TPT se ha consolidado como la voz de los que no tienen compromisos con la Consejería de Sanidad. El «humanismo administrativo» que pregona el Gobierno de Canarias para justificar la acogida del Hondius encuentra en el silencio de la Coordinadora su mejor aliado, pero en la base estibadora crece el resentimiento hacia una cúpula que parece haber canjeado la combatividad por la paz institucional.
Cuando el sábado el MV Hondius asegure sus amarras en Granadilla, la imagen de los técnicos de Sanidad Exterior subiendo a bordo será también la imagen de una victoria moral para los sindicatos que no han callado. CSIF y TPT han demostrado que el control del puerto ya no pasa exclusivamente por los despachos de la Coordinadora, especialmente cuando esos despachos tienen hilo directo con la cúpula de Coalición Canaria. La crisis del hantavirus pasará, pero la fractura sindical en el puerto de Tenerife, evidenciada por la inacción de una dirección política convertida en gestión pública, marcará un punto de no retorno en la historia de la estiba canaria.










