
En las moquetas de Bruselas, donde el oxígeno escasea y la tinta de las impresoras fluye con la alegría de un vino de Madeira, hay criatura burocrática que es el deleite de los funcionarios: la Alianza A3M. Bajo un lenguaje que parece diseñado por una mente que confunde la realidad con un manual de instrucciones de IKEA, este proyecto pretende salvar la competitividad de las PYMES en los archipiélagos de la Macaronesia. Sin embargo, un vistazo a sus «indicadores de realización» revela una verdad más prosaica: la transferencia de fondos públicos hacia la nada absoluta. «Poner en marcha una agenda de posicionamiento estratégico de la economía azul, acciones y soluciones conjuntas de la A3M y planes de desarrollo estratégico» está «coordinado» por el Clúster Marítimo de Canarias y FRCT.
La métrica estrella, el RCO 84, nos habla de «actividades piloto». La meta para el proyecto son 6 acciones. Entre ellas, «2 semanas profesionales azules». Uno se pregunta si los pescadores de las Azores o los hoteleros de Canarias se sienten más competitivos tras siete días de seminarios sobre «procedimientos de atracción de personal». Es la clásica solución europea: si un sector sufre, organizamos una feria; si una empresa se hunde, le enviamos un boletín tecnológico.
Pero el verdadero deleite se encuentra en la sección de recursos humanos. El indicador RCR 01 —puestos de trabajo creados— es una obra maestra de la contabilidad creativa que haría palidecer a los auditores de Wirecard. Se anuncia la creación de puestos de trabajo, pero la letra pequeña desmenuza la realidad: 11.236 horas de trabajo repartidas en cuatro años.
El cálculo es de una precisión quirúrgica: tras dividir horas por años y años por jornadas de 1.720 horas, la montaña europea ha parido un ratón. El resultado son 1,63 puestos de trabajo al año. No son empleos en la economía real; son tecnócratas contratados a tiempo parcial para gestionar la propia burocracia que justifica su existencia. Es el movimiento perpetuo del gasto público: contratar a alguien para que escriba los policy briefs que nadie leerá, con el fin de justificar la subvención que paga su salario parcial.
Mientras la región se enfrenta a retos sísmicos en el turismo y la logística, la Alianza A3M ofrece «4 boletines y alertas tecnológicas». Es el equivalente a lanzar un salvavidas de papel a un náufrago en medio del Atlántico. Bruselas sigue midiendo el éxito por la cantidad de tinta derramada y no por la riqueza generada. Al final del día, cuando las luces de las oficinas de PLOCAN y Madeira se apaguen, quedará el papel, quedarán los indicadores, pero los 1,63 trabajadores seguirán siendo la única prueba de que, una vez más, la Unión Europea ha logrado transformar el oro de los contribuyentes en el plomo de la estadística.
Noticia escrita por Pedro Marrero. Editado y verificado por Gara Vega. Información cruzada sin filtros institucionales. Este análisis no ha sido financiado por publicidad oficial ni condicionado por intereses de lobby.










